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Opinión

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La cómoda oposición

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El presidente López está instalado en la autocomplacencia. Todas las mañaneras las ha convertido en un homenaje a sí mismo y a su legado. A veces se comporta como si el fin de su periodo presidencial fuera inminente y entonces se dedica a dar consejos o asegurar que se va con la tranquilidad del deber cumplido (cita de Amado Nervo permitida). Él se retirará a su modesta finca donde aceptará a regañadientes (es un decir) el homenaje nacional. 

Asegura que dejará un mejor país. Presume sus obras prioritarias, los apoyos sociales, la buena marcha de la economía, el control territorial, la mejor situación fiscal, la defensa de la soberanía, la baja en los delitos, el derecho universal a la salud (como en Dinamarca). Desde esta visión y gracias a su influencia política se permite controlar el proceso de sucesión dentro de su partido. Sus reglas son las reglas. El único problema con este paisaje dibujado en Palacio Nacional es que es parcial, omiso y falsea la realidad del país.

A medida que las encuestas, la debilidad de la oposición y sus propios cálculos le dicen que su candidata(o) ganará las elecciones presidenciales en 2024 con una cómoda ventaja en el Congreso de la Unión, se permite una mayor desfachatez verbal contra sus enemigos, que son todos los que ejercen su derecho de crítica: medios, intelectuales, políticos, quien se atreva a desafiarlo. Ya no se contiene en las mentiras y calumnias, incluso contra muchos de los que lo ayudaron a llegar al poder.

Supongo que los más altos funcionarios, secretarios y directores de instituciones, ya detectaron que mientras le lleven buenas noticias de la Gran Marcha de la Nación Mexicana la cosa está tranquila para ellos. Esto les permite dedicarse a otras cosas, una esencial: buscar un nuevo hueso. Si alguien desmiente esas “buenas” noticias desde los medios o la escena nacional, no importa, porque el presidente no los toma en cuenta, se mofa de esos detractores. ¿Cree AMLO todo lo que sus subordinados le cuentan? Es difícil decirlo, tal vez esto caiga en el ámbito de la salud mental. Lo real es que actúa como si lo creyera y eso es lo que debemos analizar. 

El retiro prematuro del presidente López, decidido por él mismo, ya lleva más de un año. Durante este tiempo se ha dedicado a llevar a cabo el mismo acto de prestidigitación: nada por aquí, nada por allá. De vez en cuando saca un conejo de la chistera y lo presume: el superpeso es mérito de sus acciones, aunque los enemigos no se lo reconozcan. En este escenario, los militares se acomodan a una nueva y maravillosa realidad, al menos para la cúpula de las fuerzas armadas: tienen el control de empresas, tareas e influyen en la política. Todos los quieren de su lado o al menos no en su contra. 

El crimen organizado también se acomoda; ya le encontraron el modo al gobierno. No los enfrentarán directamente y los dejarán seguir en su control de territorios, cobro de piso, tráfico de personas y drogas, secuestros y, últimamente, en la determinación del precio de algunos productos alimentarios. La única preocupación de los capos es que el gobierno de los Estados Unidos presione tanto al nuevo gobierno que las cómodas reglas del juego se alteren. 

López Obrador ha tenido éxito vendiendo algunas patrañas: es sospechoso aspirar a tener una mejor educación. Más grave es tener algún grado académico porque entonces las personas se creen superiores al pueblo, esa entelequia fantástica, pura e infalible. Otra patraña: la historia de México es una continuidad en la lucha entre buenos y malos, los datos deben acomodarse, las anécdotas deben seleccionarse para que digan eso. Más aún: la historia de México culminará en la cuarta (y definitiva) transformación.  No es poca cosa. 

Una tercera patraña que ha vendido es que somos herederos directos de los pueblos indígenas. El pasado español no cuenta, se ha borrado. Hace décadas se borraba nuestro pasado indígena y ahora se pretende borrar el español. En los dos casos nos negamos a lo que somos, nos negamos a nosotros mismos: una nación mestiza, rica en diversidades. He escuchado a personas inteligentes y con estudios asegurar que todo lo malo que padecemos lo heredamos de nuestro lado hispano: corrupción, racismo, clasismo y demás. Éramos tan felices hasta que llegaron los europeos. La ignorancia vuelta verdad institucional.

En todo este escenario, en el que todos parecen acomodarse, me pregunto si las oposiciones también se están acomodando. Me pregunto si han perdido el apetito por conseguir el poder y se resignan a ser críticos a modo de un régimen autoritario. Después de todo, criticar sin demostrar nada es realmente cómodo.

No nos acomodemos.

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