A falta del pan que inexorablemente faltará en el transcurso, se podrá ofrecer, en compensación, harto circo con sangre.

Con respecto al explosivo caso Lozoya y sus posibles implicaciones múltiples, el intelectual Héctor Aguilar Camín explicó metafóricamente: “tiene la forma de chuza”. Así puede ser, si en el maquiavélico plan que ha fraguado López Obrador no se interpone en el camino alguna eventualidad. Como ya se dijo en este espacio la semana pasada, el caso Lozoya y las consecuencias que de él se esperan serán el principal instrumento de campaña para el partido Morena con vistas a las elecciones de medio sexenio del 2021.

Pero el caso Lozoya, con todas las derivaciones que de él se esperan, también piensa utilizarse como pantalla o biombo de distracción. Sin embargo, la situación de estancamiento económico en que se ha caído por efecto de la contracción que ya se mostraba y por el efecto de la pandemia difícilmente puede ocultarse. No es posible tapar el sol con un dedo. Con todo, lo que sí es alcanzable es distraer la atención con circo, en el cual habrá de seguro mucha sangre. Y a falta del pan que inexorablemente escaseará en el transcurso, se podrá ofrecer, como compensación, harto circo.

Y de manera complementaria —después de todo se trata de anotar una gran chuza— el caso Lozoya también está planeado para entregar dividendos en el campo de la política económica. El presidente necesita deslegitimar las reformas que se llevaron a cabo en los sectores eléctrico y petrolero y que constituían, en lo esencial, permitir la participación del sector privado. Y el plan es, a todas luces, lograr esa deslegitimación al mostrar que dichas reformas fueron conseguidas con base en la corrupción del sistema.

El efecto carambola puede ser en verdad casi perfecto. Al probar que los legisladores del PAN, PRI y PRD fueron maiceados para aprobar esas reformas, la descalificación implícita para esos partidos de oposición puede ser determinante y paralizarlos con vistas a las elecciones del 2021. Y con el camino así libre, AMLO podría incluso perfilarse con ansias hacia la reelección en el 24.

Todo ese panorama favorable para su causa puede materializarse sujeto a una condición. Que Lozoya siga siendo funcional a sus designios y, además de confirmarse como un pillo redomado, se valide también un su papel de cobarde y de traidor. Pero ni con todo el circo imaginable, López Obrador conseguirá revertir las tendencias recesivas en la economía. El estancamiento llegó para quedarse.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico