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La banca y su creciente papel como motor de crecimiento
A pesar del difícil entorno internacional dominado por una inevitable recesión de la eurozona y la no despreciable probabilidad de una nueva recesión en Estados Unidos, la economía mexicana se ha defendido bien hasta ahora.
El incierto entorno externo ha provocado ya una desaceleración en la actividad económica del sector externo para nuestro país, que ha sido compensada por un repunte en la actividad doméstica.
Este repunte de la economía doméstica ha estado anclado en el saludable ritmo de la creación de empleo, una mayor confianza del consumidor y un incremento en el financiamiento bancario al sector privado, principalmente a las familias, por parte de la banca.
Para que la economía mexicana salga bien librada de una nueva desaceleración global es primordial que el crédito bancario al sector privado siga creciendo y se convierta en un motor de crecimiento más dinámico.
Debemos recordar que después de la catástrofe económica de 1995, el sistema financiero mexicano estuvo prácticamente en coma durante ocho años. El crédito al consumo y a la pequeña y mediana empresa desapareció mientras los bancos batallaban por recapitalizarse y reinventarse, desarrollando nuevos modelos de análisis de riesgo y sobre todo limpiando y reestructurando la cartera de créditos que se habían otorgado en el periodo 1991-94.
Parece mentira, pero el crédito bancario otorgado al sector privado, medido como porcentaje del PIB, aún está por debajo de los niveles de 1994.
Después del colapso de 1994 y del tortuoso rescate de 1995, el mapa del sector financiero en México fue totalmente reconfigurado en la segunda mitad de la década de los 90.
La entrada de grandes grupos financieros internacionales con capital y la supervivencia de algunos grupos financieros mexicanos lograron que el crédito comenzara a reactivarse a principios de la década que acaba de terminar.
A finales de la década de los 90 era imposible pensar en un crédito hipotecario a largo plazo (10-20 años) a tasa fija. Sin embargo, la estabilidad macroeconómica, un entorno de menores tasas, una regulación financiera adecuada y un mercado sumamente sub-bancarizado llevaron a las instituciones financieras a reabrir la llave del crédito. Entre el 2000 y el 2007, el crédito total como porcentaje del PIB pasó de 6.5 a 13 por ciento.
Durante la crisis financiera de 2008-09 se observó una marcada contracción en el crédito al consumo, a la vivienda y a las pymes, que contribuyó a profundizar la crisis económica del 2009.
La buena noticia es que lo que comenzó como una incipiente recuperación en el otorgamiento de crédito al sector privado a principios del 2010, se ha convertido en una sólida tendencia.
De acuerdo con datos de BBVA y Banxico, el saldo del crédito al sector privado al cierre de octubre ha crecido a una tasa anual de 14% en términos nominales, impulsado por incrementos de 22% en el crédito al consumo, que a su vez fue provocado por un fuerte crecimiento en los préstamos de nómina.
No obstante, el crédito bancario al sector privado, como porcentaje del PIB, se ubica en niveles cercanos a 13.6%; mientras que el crédito al consumo está en 3.1 por ciento. A pesar del crecimiento, esta cifra se encuentra aún muy por debajo de 38% registrado en 1994 y la de otros mercados emergentes como Brasil y Colombia que ronda en 35% y ni hablar de Chile donde es superior a 60 por ciento.
Para que nuestra economía pueda defenderse de los embates del entorno global es primordial que el crédito al sector privado siga creciendo. La mesa está puesta para que el crédito juegue un papel más preponderante en el crecimiento económico: el sistema financiero mexicano se encuentra bien capitalizado, cuenta con un marco regulatorio adecuado y los bancos han desarrollado sistemas de administración de riesgos robustos.
Tal vez la principal vulnerabilidad del sistema financiero local está fuera de México, ya que las casas matrices de la mayoría de las principales instituciones financieras que operan en el país están en Europa y Estados Unidos.
Es importante que las filiales de estos grandes bancos en México piensen de manera global, pero que actúen de manera local para no frenar el motor del aún incipiente crédito doméstico al sector privado. Un país como México debería tener una penetración financiera mucho más alta.