Faltan menos de nueve meses para la elección del 2021. Todos los estrategas intentan conocer qué es lo que influirá en el voto de los mexicanos. ¿Cuáles son las “cadenas de pensamiento” que lleva a un elector a votar en uno u otro sentido? Hay factores demográficos, económicos y políticos que influyen. También cuentan la ideología y la identificación con un partido. Sin embargo, los temas de campaña y los atributos de cada candidato podrían ser ahora más relevantes.

¿Qué impacto tienen los “temas de campaña” en el voto? Tanto el Presidente de la República, como los partidos y los candidatos, así como los medios de comunicación y otros actores tratarán de introducir temas en la agenda. Para que el “voto temático” funcione, se requiere que los electores estén interesados, que tengan una opinión o preferencia y que conozcan la posición de los partidos y candidatos sobre ese tema. Gracias a las redes sociales, hay mucha información en el ambiente. 

Las campañas electorales son un ejercicio de organización y de comunicación. El candidato que sea más hábil para definir la contienda, por lo general, se lleva el triunfo. No hay más que tres alternativas: o los candidatos debaten sobre posiciones en torno a un tema, o debaten sobre el desempeño del gobierno, o sobre la personalidad peculiar de cada contendiente. Russell J. Dalton, profesor de la Universidad de California en Irvine y Director del Centro para el Estudio de la Democracia, ha definido con agudeza el voto temático y ofrece un marco analítico que clasifica los temas en tres categorías relevantes: 1) temas de posición (position issues); 2) temas de desempeño (performance issues); y 3) temas de atributos (attribute issues).

En los últimos días se han presentado ante la nación dos visiones para intentar definir los temas de la elección del 2021:

La primera fue un desplegado en donde más de 500 exlegisladores, del PAN, PRI, PRD, MC e independientes de 16 legislaturas federales diferentes, llamaron a que se garantice en el país el equilibrio entre los poderes, se diseñen presupuestos razonables en los que se priorice el gasto en salud, educación, seguridad pública, cultura y fomento económico. Informaron que en breve darán a conocer su agenda y llamaron a los partidos políticos a incluir candidatas y candidatos no militantes para puestos de elección popular. A este grupo de personalidades les interesa definir la contienda en términos de “temas de desempeño”. Lo que estos exlegisladores proponen es que los electores analicen el récord del gobierno de López Obrador y decidan si su desempeño ha sido bueno o malo al enfrentar los desafíos de la pandemia, el desempleo, la pobreza, la corrupción y la violencia. La información está ahí, los resultados del gobierno son evidentes. Sólo falta empaquetarlos y venderlos.

La segunda visión es del Presidente López Obrador, quien envió al Senado la solicitud para la consulta popular que decida si se somete o no a proceso a los expresidentes. Es un recurso que no tiene precedentes. Es la primera vez que un Presidente solicita una consulta pública. En doce páginas, el Presidente hace una relación de los posibles delitos de cada uno de sus antecesores de 1988 a 2018, el período que ha bautizado como neoliberal. Y propone una pregunta: ¿Está de acuerdo o no con que las autoridades competentes, con apego a las leyes y procedimiento aplicables, investiguen, y en su caso sancionen, la presunta comisión de delitos por parte de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto antes, durante y después de sus respectivas gestiones? Al Presidente López Obrador le interesa definir la campaña y la elección en torno a un “tema de posición” y alejarse definitivamente de los “temas de desempeño”.

Los “temas de desempeño” se refieren el juicio del elector acerca de qué tan efectivamente un gobernante ha cumplido con su deber. Este tipo de voto no polariza a la sociedad, se basa en asuntos que no generan profundas divisiones sociales. Son temas que producen un alto grado de convergencia respecto de su relevancia tanto para las élites como para el electorado en general: creación de empleos, atención de la crisis sanitaria, reactivación económica, combate a la inseguridad, remediación de la pobreza, protección del medio ambiente.

Los “temas de posición” se establecen en relación con asuntos que habitualmente generan profundas divisiones entre el electorado (aborto, matrimonios entre personas del mismo sexo) y sobre los cuales los partidos y candidatos también mantienen posiciones divergentes. AMLO es muy hábil, es un gran administrador del enojo de la gente. Al intentar definir la contienda con el juicio a los expresidentes, el elector tiene que asumir una posición: ¿estás a favor o en contra de un rechazo a los expresidentes, de un México justo y sin corrupción?

¿Quién es el dueño del tema en una contienda? El que lo define a tiempo. Todo se tratará después de arrebatar las banderas y apropiarse del terreno de la discusión. 

Cuando se plantea un tema de desempeño, el reto está en ser creíble de poder lograr mejores resultados que tu adversario. La reputación, credibilidad y prestigio de los actores políticos frente al tema en cuestión se vuelve muy importante. No bastan las promesas y las expectativas de acciones futuras. 

En cambio, los temas de posición se refieren a los conflictos más importantes en la sociedad y la manera en que los partidos y los electores los ven. Los votantes tienden a escoger al partido, o al candidato, que tiene la posición que es más cercana a su propia posición. 

Todo equipo de campaña tiene una teoría de cómo ganar la elección. Eso se define al inicio. Si no hay estrategia, no hay triunfo. Todo se inicia con la pregunta ¿qué voy a hacer para ganar? Se hace el análisis de los resultados de las elecciones anteriores y de la demografía del electorado. Se requiere evidencia empírica, diseñar un plan e implementarlo. Se necesita entusiasmo, voluntarios y dinero. 

Cuando vemos desde ahora la estrategia que vislumbra el Presidente nos preguntamos: ¿realmente trata de entrar al peligroso juego de la culpabilidad? Eso es fácil. Acusar a los predecesores no es novedad. ¿Por qué no mejor asumir la responsabilidad de la gestión gubernamental? Los líderes responsables en el siglo XXI no hacen el juego de buscar culpables. 

La habilidad del gran líder es confrontar la realidad, los hechos por más brutales que sean (muertos por el Covid-19, desempleados por la crisis económica autoinflingida, decrecimiento de la economía por la falta de estímulos, muertos por la delincuencia organizada). El gran líder tiene que aceptar la realidad y enfrentarla.

¿Podrá AMLO hacer la autopsia del neoliberalismo sin culpar a nadie? Es importante que vea, reflexione, analice y encuentre lo que no funcionó. Los errores siempre son lecciones invaluables. Mirar cuidadosamente las decisiones que se tomaron mal es indispensable para no repetirlas. Es la única manera de poder hacer las cosas mejor que los de antes.

Un gran Jefe de Estado hace suyos los resultados. Nunca busca excusas ni culpa a otros. Cuando se culpa a los otros pone el freno de mano a cualquier mejora posible. Cuando se culpa a los otros se está desperdiciando la gran oportunidad de resolver los problemas. Los fracasos de ayer tienen que convertirse en el éxito de hoy.

En lugar de consultar al pueblo si se debe o no culpar a los expresidentes, el Presidente podría preguntarse: ¿Qué puedo hacer para encarar con eficacia los retos de México en el siglo XXI y hacer que todo funcione mejor? Tiene todo para innovar y crear valor público. Cuando se asume la responsabilidad se despeja el horizonte para mirar hacia adelante. En lugar de entrar al juego de la culpabilidad, deberíamos crear una cultura de la rendición de cuentas.

 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

Twitter: @javier_trevino

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