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La amorosa recesión
Febrero nos recibe a los mexicanos con un golpe a la nariz: la economía entra a una recesión técnica. Más allá de la nomenclatura concedida a una fase desde el rincón de lo académico, se encuentra la incómoda realidad en donde nuestro avance y bonanza como nación está en un real lago pantanoso de estancamiento. No tan solo no se crece, sino que llevamos dos trimestres consecutivos experimentando retrocesos de 0.1 % para el más reciente, y de 0.4% en el anterior inmediato.
En el análisis de los “por qués” se encuentra la inevitable alusión a los efectos perniciosos de la pandemia, argumento que en sobre uso ha adquirido un tono de universalidad para explicar cualquier retroceso. Sin embargo, el caso mexicano presenta dos componentes que a mi parecer se apersonan como pesados lastres. En primer término, la incertidumbre que deviene desde lo político y que inhibe la inversión tan deseada. No es una apreciación sesgada, ahí encontramos cómo en el referente sobre la Inversión Fija Bruta aportado por el Inegi, donde se corroboran retrocesos del mismo en el orden del 1.6 por ciento.
Además, conforme a datos recientes aportados por Moody’s, la incertidumbre generada en el mercado financiero por la posible aprobación de la reforma eléctrica mantiene a los inversionistas en estado de alerta. Aún con los esfuerzos provenientes del oficialismo para mandar un mensaje de tranquilidad, los agentes económicos ven con recelo los alcances de tan profundo viraje en el sector. Si a ello sumamos las condiciones de inseguridad y los vendavales provocados por la confrontación que deriva del ejercicio de revocación de mandato, obtenemos una mezcla efectiva para alejar capitales de nuestro país.
En otro rubro, la contracción del sector terciario no ha dejado de absorber el impacto que provocó el cambio de reglas en materia de outsourcing. Es notorio cómo caídas consecutivas que versan en un 23 y un 50% para tercero y cuarto trimestre del pasado año, vienen a revelar el impulso negativo al comercio y servicios.
Aún con el arranque optimista del pasado año, ya no se puede negar que el desfonde de ese tenue avance viene a marcar tendencia en este 2022. Seguramente estaremos viendo en próximos días un ajuste a las previsiones tanto por el sector privado como por la Secretaría de Hacienda y el Banco de México.
Así, estaremos ante un impacto sobre la proyección de ingresos y consecuentemente el gasto público y posiblemente ante correcciones en la política monetaria. En el primer componente, habrá que ver si el precio del petróleo puede compensar un escenario donde los ingresos del estado se reducen en un aproximado de 22,000 millones de pesos por cada medio punto, sobre todo cuando el ajuste, si se apela a la objetividad, tendría que ser de cerca de dos puntos a la baja.
Febrero llega con poco amor y una cuestionable amistad para la economía. Abróchense los cinturones compatriotas.
Twitter: @gdeloya

