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La Cultura de la Paz, Violencia Doméstica en Tiempos del Covid 19

La suspensión de prácticamente toda actividad y el encierro al que se someten muchas familias por la crisis de salud pública, derivadas del Covid-19, propicia una intensa convivencia entre integrantes de familias nucleares y ampliadas que lejos de propiciar la felicidad de sus integrantes suscitan incomodidad, así como acciones de violencia intrafamiliar.
En la mayoría de las familias a esa situación hay que sumarle la falta de recursos económicos y las condiciones adversas para el cuidado de sus integrantes.
En anterior colaboración en la que abordamos el tema de la mediación prenupcial, comentamos que cuando las partes han decidido vivir juntos o casarse, es cuando empiezan a conocer más aspectos de su pareja, no todos ellos agradables y a veces inaceptables. Esta situación hoy se presenta en parejas y familias que, aunque se hubieran formado hace años, la inercia de la vida cotidiana propició que la convivencia fuera poca o casi nula. No es lo mismo dormir bajo el mismo techo y por la mañana que cada quien salga a realizar sus actividades, que convivir las veinticuatro horas del día de todos los días. El añorado tiempo de calidad resultó ser, de manera frecuente, sólo una ilusión. Ahora se presentan discrepancias y sorpresas, desde pequeñeces aparentemente sin importancia hasta situaciones complejas, todas pueden transformarse en conflictos o controversias, así como en violencia intrafamiliar o doméstica.
Violencia intrafamiliar o doméstica es la que se ejerce en el terreno de la convivencia familiar por parte de uno o varios de sus miembros contra otro, contra algunos de los demás o contra todos ellos. Comprende todo acto violento que puede consistir en el empleo de la fuerza física, el hostigamiento, el acoso o la intimidación, que se producen en el seno de un hogar, y que comete al menos un miembro de la familia contra algún otro u otros miembros de la familia. Esta violencia puede incluir conductas como manipulación, humillación, aislamiento, ignorar, asustar, amenazar, culpar, lastimar, lesionar o herir a alguien.
Puede ser violencia contra la mujer, contra el hombre, maltrato infantil, violencia filio-parental y abuso de ancianos. Mayormente ocurre violencia de género contra la mujer.
Juzgados y tribunales tuvieron que cerrarse debido a la crisis de salud pública imperante. Sin embargo, los conflictos legales y los familiares que no son de carácter legal, no se detienen y es fundamental y conveniente resolverlos a tiempo.
Si bien es cierto que la comisión de algunos delitos se ha reducido por el aislamiento, los casos de violencia doméstica han aumentado en un 70 por ciento.
Esa violencia doméstica presenta varios efectos negativos, entre ellos la violencia de género contra la mujer, que en ocasiones debe ser rescatada para evitar lesiones y aún la muerte. En otros casos las parejas descubren o confirman que lo conveniente es divorciarse.
Si el divorcio es de común acuerdo, se puede empezar a trabajar en el convenio para disolver su matrimonio, ello con el apoyo de un mediador. Si las partes arribaran a un acuerdo se puede firmar el convenio ante mediador privado certificado. Cuando se reabran los tribunales se podrá tramitar el divorcio ya con el convenio acordado ante mediador, solamente para que se decrete el divorcio.
Si el divorcio no es de común acuerdo, se puede avanzar reuniendo los documentos que se necesitarán para sustentar el convenio de divorcio, tales como acta de matrimonio, en su caso actas de nacimiento de los hijos, los comprobantes de los gastos de manutención para el caso de pensión alimenticia, documentos para justificar la custodia y los derechos de visita. También los documentos relacionados con los bienes, ya sea que el matrimonio se haya celebrado por sociedad conyugal o por separación de bienes.
Los conflictos familiares que surgen en esta crisis del Covid-19, pueden ser de diversos tipos, no sólo de carácter legal que, para su prevención o resolución, es conveniente y aún necesaria la intervención de un mediador profesional, quien se convierte en el conducto para que las partes involucradas se comuniquen de forma adecuada y puedan llegar a acuerdos respecto de sus diferencias.
La mediación puede hacer la diferencia en la vida de las familias y de las parejas en estos tiempos de confinamiento. Ese ejercicio de comunicación y negociación asistida entre las partes para conocer, analizar y negociar todos los puntos que se pongan en la mesa, servirá para discutirlos y construir los acuerdos que convengan, de mutuo acuerdo, a las partes con el propósito de prevenirlos o solucionarlos. Principalmente, para recuperar o reconstruir el tejido familiar y su armonía.
La mediación, en estos casos, también es útil cuando existe disparidad en el poder económico o de negociación en la pareja, pues el mediador está obligado a propiciar equidad entre las partes.
La mediación a distancia permite actuar muy rápidamente también en estos casos, pues no existen problemas para concertar una cita o una sesión de mediación, ni para desplazarse. Se puede abrir el espacio virtual de una mediación de manera inmediata. Esto significa que es posible atender las expectativas de la gente de un servicio instantáneo, rápido y eficaz de mediación.
La mediación en línea o a distancia para las crisis que se presenten en el ámbito familiar es recomendable y existen mediadores profesionales en materia familiar que también dominan la modalidad de mediación en línea.
Pascual Hernández Mergoldd es abogado y mediador profesional.
phmergoldd@anmediacion.com.mx
Twitter @Phmergoldd

