El éxito del Estado de Bienestar debe medirse en función de cuantas personas logran salir de los programas de asistencia social; no en función de cuántas se incorporan a ellos.

Ronald Reagan

La transparencia gubernamental significa que el gobierno debe informar, rendir cuentas y poner a disposición de los ciudadanos la información pública, ello se cumple con los informes presidenciales y los anexos que se entregan en septiembre al Congreso de la Unión. Sin embargo, el inquilino de Palacio Nacional ha mostrado su objetivo de diluir esa obligación con las declaraciones y acciones desde el inicio de su mandato, tales como sus constantes ataques al INAI y más recientemente con su acuerdo del 22 de noviembre que declara de interés público y de seguridad nacional los proyectos y obras a cargo del gobierno de México, acuerdo inconstitucional expedido con el propósito de ocultar la información pública relacionada con las obras que impulsa y, además, para evitar los diversos procedimientos de contratación previstos en el artículo 134 de la Constitución.

Otras acciones de dilución de la transparencia ocurren en sus apariciones ante los medios, tanto en sus sesiones matutinas como en sus giras, y recientemente con el discurso pronunciado durante el acto masivo organizado en su honor. En sus intervenciones y discursos ha difundido imprecisiones y datos falaces que, si bien es cierto son el sostén de su popularidad, no hacen posible ocultar las evidencias del estancamiento económico y del retroceso social que son abrumadoras. Esas cortinas de humo aumentan, entre otras cosas, la polarización entre los diversos sectores de la sociedad, lo que obstaculiza la cultura de la paz y del diálogo.

El presupuesto para el próximo año 2022, aprobado sin  cambiar una sola coma en cumplimiento a las instrucciones del Presidente por diputados y senadores de sus partidos, muestra que lo que dice dista de lo que hace, pues ahondará ese estancamiento y ese retroceso ya que, entre otras medidas, se recortaron las partidas para proteger y apoyar a las mujeres; deja sin recursos a los municipios para combatir la inseguridad; deja sin apoyos a los pequeños negocios en medio de la crisis económica y cancela el programa de microcréditos para el bienestar; no se asignaron suficientes recursos al mantenimiento y mejora de condiciones sanitarias de las escuelas, y se recortó a casi la mitad el presupuesto de fomento a la agricultura. Los efectos de esas decisiones repercutirán en el aumento de tensiones sociales y contribuirán al deterioro del tejido social.

A pesar de que en la actualidad la clave del éxito reside en ser competitivo tanto a nivel global, como nacional, gubernamental, empresarial e individual, las condiciones creadas por el gobierno nos hacen menos competitivos en todas las escalas mencionadas, de tal suerte que el bienestar que se anhela está cada vez más lejano.

A lo largo de la historia reciente hemos dado tumbos para encausarnos al desarrollo que propicie el bienestar general, pero en el actual gobierno se han adoptado medidas que generan lo contrario al erosionar los factores que propiciaban bienestar social. Un claro ejemplo es el golpe a los sistemas de producción y distribución de medicamentos, traducido en falta de insumos para la salud.

Parece no dimensionarse lo catastrófico que es el cierre de fuentes de empleo para convertir a los trabajadores en dependientes del gobierno con un ingreso miserable derivado de dádivas, ni la propuesta de violentar la transparencia, entre otras medidas. Todo ello, con el principal propósito de ganar adeptos y de acrecentar la concentración del poder presidencial en perjuicio de todos.

Más que regalar recursos fiscales, debemos impulsar la capacitación para el trabajo y para la vida, pensar en el futuro y no sólo en las próximas elecciones. Adoptemos una estrategia económica en favor de los más vulnerables para que puedan disfrutar de la dignidad a través del trabajo, no de la limosna que envilece, degrada y enajena como un supuesto acto de bondad. Se trata de que todos seamos productivos y, preferentemente, autosuficientes para reducir la desigualdad. Ello requiere de un ambiente de seguridad, de certeza y de apoyo al desarrollo económico.

Toda persona merece aspirar al éxito que básicamente consiste en la posibilidad real de conseguir los satisfactores materiales y emocionales que le faciliten vivir con calidad y dignidad. Sin embargo, en todos los casos se necesita que las organizaciones públicas, sociales y privadas dedicadas a generar dichos satisfactores sean competitivas y ello es posible con el respaldo gubernamental para hacer atractiva la inversión y la creación de fuentes de empleo. Tristemente el Mandatario intenta imponer cambios de paradigma para que las organizaciones productivas, ciudadanas y sociales se adapten a las acciones de transformación que impulsa, casi todas para obstaculizar, desalentar y deteriorar la economía, que han ocurrido en el primer trienio de su gestión, para bajar o eliminar su competitividad.

Debemos reconocer que si nuestra economía no había logrado proporcionar todos los satisfactores que requiere la sociedad, actualmente la situación se ha venido complicando más, ya que el gobierno desalienta la inversión, propicia el cierre de fuentes de empleo y obstaculiza la educación y formación de profesionales de calidad. Parece ignorarse nuestro déficit de personas calificadas con proyección hacia la calidad en todos los ámbitos de la actividad humana. 

A lo largo de la historia de la humanidad se puede apreciar que el desarrollo personal o individual es la vía para el bienestar general que suele ser un eficiente factor para consolidar la armonía y, por lo tanto, el tejido social.

Urgen medidas para que demos pasos hacia adelante, no hacia atrás, por eso, en el ámbito de la cultura de la paz, insistimos en lo esencial que es darnos la oportunidad de una transformación cultural para que la solución a las controversias o conflictos se puedan encontrar con la participación directa de los involucrados y de esa forma se construya un mejor futuro.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social. 

Entre más unidos estemos, seremos más fuertes, entre más divididos, más débiles. 

*El autor es abogado y mediador profesional

#mediacionenmexico

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

Lee más de este autor