Lectura 5:00 min
La Cultura de la Paz, Solidaridad con los Demás

Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz.
John Lennon
En días recientes hemos sido testigos del aumento de contagios y fallecimientos por el Covid 19. En algunos países, principalmente europeos, le han denominado “segunda ola”, aquí sigue repuntando desde marzo, no se ha controlado y pareciera que no existe miedo a la muerte por contagio del Covid 19.
Diversos países toman medidas restrictivas para detener la pandemia que implican limitaciones a la libertad de tránsito en atención a la protección del bien mayor que es la salud y -desde luego- la vida.
En otros países, como el nuestro, sobre todo a partir de señales equívocas y contradictorias de algunas autoridades respecto de las medidas de protección, principalmente del uso del cubrebocas, resulta preocupante que miles de persones sigan acudiendo a lugares cerrados, que proliferen las fiestas multitudinarias, se realicen protestas callejeras y eventos públicos en los que se ha hecho alarde de un supuesto y erróneo ejercicio de la libertad que implica ignorar las recomendaciones sanitarias.
Según datos oficiales, en México han muerto más de ciento diez mil personas por el Covid 19, hay más de un millón ciento ochenta mil contagiados y el índice de letalidad –el más alto del mundo- llega a un 9.3 por ciento.
Se han perdido millones de empleos que afectan a igual número de familias, hay más de once millones de nuevos pobres, una caída del PIB cercana al 10 por ciento y un aumento de la deuda de casi 12 puntos del PIB, entre otros frustrantes indicadores. Claro que la devastación de la economía, que ensombrece nuestro destino, se inició antes de la pandemia, durante 2019.
Estos datos, que a todos nos afectan, se traducen en un caldo de cultivo para la violencia, sumados a la polarización institucionalizada desde el discurso oficial que propicia la discordia y que no valora la autonomía del INE.
Hoy tenemos una sociedad civil desorganizada, amenazada y agredida que pone en juego nuestro porvenir.
Nuestra vida social debe restringirse, lo que implica mantener la sana distancia, evitar el contacto con los ancianos y portar cubrebocas si acudimos a un sitio público.
Quedarse en casa, si ello es posible, resulta indispensable para protegernos a todos. Sabemos que ese encierro propicia una intensa convivencia entre integrantes de familias nucleares y ampliadas que lejos de propiciar la felicidad de sus integrantes -sobre todo en estas fechas de fin de año- suscitan incomodidad, así como acciones de violencia intrafamiliar.
En la mayoría de las familias a esa situación hay que sumarle la falta de recursos económicos y las condiciones adversas para el cuidado de sus integrantes.
Los conflictos vecinales o comunitarios también se han acrecentado en esta crisis del Covid 19, son de diversos tipos y se deben principalmente a la organización de reuniones, fiestas y visitas; abuso en el uso de áreas comunes, y ocupación de espacios ajenos de estacionamiento que molestan a los demás vecinos y contribuyen a poner en riesgo de contagio a más personas.
Hemos olvidado que la concordia es indispensable para comprender a nuestros semejantes, que la generosidad da sentido a la coexistencia y que la solidaridad se expresa cuando se tiende la mano a quien lo necesita.
Como hemos sostenido, vivimos en un mundo en el que la concordia, cualidad positiva cercana a la bondad, es un distintivo que se debilita peligrosamente. La solidaridad entre todos puede ser un muro de contención para evitar la violencia.
Ahora mismo la sociedad debe hacer frente a la pandemia, por eso es muy importante recordar que la libertad y los derechos de las personas tienen límites. El derecho de uno termina donde empieza el derecho del otro. Por lo tanto, el derecho a no enfermarse también depende de que los demás sean solidarios y atiendan las recomendaciones urgentes para evitar más contagios. Si te cuidas, nos cuidas.
Según se ha difundido por nuestras autoridades, en este mes habrán de recibirse las primeras 250 mil dosis de vacunas anti Covid19 y conforme se vayan recibiendo se aplicarán de manera universal y gratuita. Confiemos en que el suministro y logística sean adecuados.
Es hora de mostrar un poco de solidaridad, cuidándonos y cuidando, por tanto, a los demás. También al procurar, en el confinamiento, que se eviten acciones de violencia contra la mujer, contra el hombre, el maltrato infantil, la violencia filio-parental y el abuso de ancianos. Así mismo, evitemos conflictos con nuestros vecinos.
El mediador puede ser el conducto para que las partes involucradas en cualquier controversia se comuniquen de forma adecuada y puedan llegar a acuerdos respecto de sus diferencias. La mediación en estos tiempos de confinamiento es posible, en la medida en la que se utilice la mediación a distancia. Si bien es cierto que nos encontramos en el umbral de la mediación a distancia y todavía nos falta mucho por construir para que dichos servicios sean una realidad generalizada, existen centros de justicia alternativa y mediadores privados que ofrecen esa modalidad del servicio.
La realidad que impone la nueva normalidad exige que todos propiciemos una convivencia en armonía, en una cultura de la paz, debemos evitar que la creciente discordia se trasforme en odio que puede salirse de control.
No olvidemos que entre más unidos estemos, seremos más fuertes, entre más divididos, más débiles.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd

