Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

La Cultura de la Paz, Reflexiones para la Paz

main image

Foto EE: Eric Lugo

Pascual Hernández Mergoldd

Sálvanos del desánimo para emprender

los caminos de la paz.

Juan Pablo II

Esta semana se celebra la Navidad, en México. Tradicionalmente era ocasión propicia para que las familias se reunieran y se intercambiaran buenos deseos y quizás algunos obsequios. El ambiente, usualmente, era propicio para convivir en armonía y en concordia.

Debido a la creciente crisis de salud, este año la celebración implica quedarse en casa, no salir a visitar ni a festejar. Sigue a prueba nuestra idea sobre normalidad, vida pública e interacción social.

Evitemos reuniones, cenas o fiestas, ya que eso contribuye a mayores contagios.

En el ánimo de cientos de miles de familias mexicanas, la tristeza y la amargura estará irremediablemente presente. Cientos de miles de familiares y amigos de esas familias han fallecido a lo largo de este año, por haberse contagiado de Covid 19, o por haber sido victimados por hechos de violencia, feminicidios incluidos.

Nuestro sincero pésame a todos los dolientes de las familias afectadas.

Formar parte de una familia proporciona una esperanza que se basa en la conexión y en la historia compartida de sus integrantes. El amor es uno de sus pilares. Puede ser fuente de motivación y de confianza. Formar parte de una familia también conlleva obligaciones, estrés, distracción, dolor y vulnerabilidad.

Muchas familias están hoy aisladas para evitar más contagios, lo que ha implicado una intensa convivencia que, lejos de propiciar alegría y felicidad, ha suscitado incomodidad, así como acciones de violencia. A esa situación, en muchos casos, hay que sumarle la falta de recursos económicos y las condiciones adversas para el cuidado de sus integrantes.

Los miembros de muchas familias deben afrontar de manera cotidiana una variedad de conflictos, por ejemplo: desempleo, separaciones, problemas de comunicación con la pareja, los hijos, o entre hermanos y la pérdida de alguno de sus integrantes, entre otros. Se trata de problemas comunes y cada persona o familia los afronta de diversas maneras. Esas dificultades propician sentimientos de enojo, impotencia, o tristeza, entre otros.

No es extraño que esos sentimientos y emociones contribuyan al surgimiento de conflictos dentro de la familia. Paradójicamente, es en el seno familiar donde frecuentemente son violados los derechos humanos de sus propios integrantes por otro familiar.

De todos los conflictos sociales, los familiares son los más habituales y los que suelen provocar mayor daño hacia el interior de la familia que, a su vez, afectan a los demás ámbitos de interacción social en los que participan los integrantes de las familias conflictuadas.

Es oportuno que reflexionemos y reconozcamos que vivimos en una sociedad en la que la violencia está tan arraigada, que un cambio pareciera poco viable, pues hay quienes se oponen, sobre todo aquellos que viven en una aparente comodidad, resultado de un conformismo instalado por inercia o peor aún por aquellos que sostienen una posición de confrontamiento institucional de manera cotidiana, sin percatarse de que esa postura les hace cómplices de una descomposición del tejido social que, a su vez, genera violencia en todas las capas de la sociedad.

No debe perderse el respeto por los demás. El primer paso hacia la búsqueda de soluciones a las diferencias implica que los derechos humanos de toda persona sean protegidos.

La construcción de puentes, a partir del diálogo, es recomendable para buscar soluciones y la mediación es la mejor vía para ello.

La concordia es la esencia de las buenas relaciones en la familia, en la comunidad y, por lo tanto, en el país. Es el cauce para alcanzar una convivencia social pacífica y armónica. La práctica de la concordia en todos los ámbitos de interacción social facilita el alcance de consensos y, a su vez, la convivencia entre sus integrantes.

De esa forma podremos construir una cultura de la paz y de la concordia. Apostemos por generar una verdadera cultura de avenencia en la sociedad, para ello es la mediación la mejor vía para lograrlo.

La mediación desarrolla también una función preventiva de amplio alcance, dirigiéndose hacia la sensibilización social, de forma continua o permanente.

Sabemos que la mediación tiene la cualidad de hacer una contribución positiva y muy concreta en la construcción del futuro de una familia, de una comunidad o de un país. Cuando se transforma un conflicto el futuro cambia.

La realidad que nos impone esta grave crisis exige que todos propiciemos una convivencia en armonía, en una cultura de la paz. Sobre todo, en estas fechas en las que debemos evitar que la creciente discordia se trasforme en odio que puede salirse de control. Evitemos que se incremente la violencia intrafamiliar y de género.

En esta hora obscura de México y del mundo, urge actuar para disminuir la violencia y propiciar la armonía.

La paz no puede construirse, alcanzarse ni apoyarse en la violencia. Y la violencia no puede conducir a la paz.Muchos nos sentimos abandonados, en una especie de páramo de soledad. Sin embargo, no estamos solos y entre más unidos estemos, seremos más fuertes.

Que la paz se transforme en un contagio positivo.

Felicidades a todos.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete