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¿Jurassic Park podría ser realidad?

Una empresa llamada Colossal Biosciences planea ser pionera en el negocio de la ingeniería genética utilizando inteligencia artificial. La revolucionaria idea consiste en “revivir” o “conservar” especies extintas -o en peligro de extinción- restaurándolas mediante el uso de edición de ADN y células madre. Así como usted lo lee, y como se mostró hace décadas en la taquillera película Jurassic Park.
“La extinción es un ´Colossal´ problema que enfrenta el mundo”, se lee en el slogan de su página de internet. Treinta mil especies en el mundo están en peligro de extinción, -continúa- el pitch de negocio de la compañía. La solución a este problema es la “desextinción”.
Científicos tardaron dos décadas, -y tres billones de dólares de financiamiento- para mapear completamente el genoma humano en 2003. Sin embargo, gracias al impacto trascendental de la Inteligencia Artificial, eso se puede hacer con doscientos dólares y unas cuantas horas hoy en día.
En 2021, la empresa de biotecnología comenzó siendo una pequeña startup con 15 millones de dólares de “capital semilla” y sólo diecinueve empleados. En la actualidad, cuenta con 107 empleados y laboratorios en Dallas, Boston y Melbourne, Australia. Una gran cantidad de inversionistas -y cinco muy exitosas rondas de inversión- lograron levantar otros 210 millones de dólares. Estimaciones actuales indican que Colossal vale hoy unos 1.500 millones de dólares.
El prestigioso genetista egresado de Harvard, el Dr. George Church es uno de los fundadores del unicornio. Desde 2009, Church tenía la loca idea de “revivir un Mamut”. “Con un perfil muy bajo: sólo con dinero donado, y con voluntarios de la comunidad biotecnológica” trabajaba en ese proyecto en sus ratos libres, reconoció él mismo.
Nunca pensó que esa investigación fuera a financiarse a mayor escala, esa “loca idea de juventud” cómo la llamó. En 2019 conoció a Ben Lamm -un exitoso emprendedor-, que ya había fundado y vendido varias empresas obteniendo jugosas ganancias. Lamm es propietario de la empresa de inteligencia artificial Hypergiant (dejó el cargo de CEO para dirigir Colossal), y casi inmediatamente reconoció el potencial mediático del proyecto.
Era indudable que no sería fácil vender la controversial idea a los fondos de venture capital -que invierten en ideas riesgosas por naturaleza, pero finalmente buscan rentabilidad-. “Me encanta el mamut porque es muy icónico”, afirmó entusiasmado en una entrevista. Pero finalmente, ¿qué inversionista no quisiera ser parte de un proyecto que parece sacado de una novela de ciencia ficción?
Si funciona, será la primera vez que aquel enorme elefante colmilludo deambulará desde que se extinguió hace unos cuatro mil años. Sin embargo, el Dr. Church no se cansa de explicar que “la criatura no será una réplica exacta, sino una aproximación, con genes de mamut insertados en elefantes asiáticos genéticamente modificados”.
Colossal tiene como objetivo crear genomas de referencia para diversas especies. “A medida que perdemos biodiversidad, es importante recuperar o restaurar las especies y sus ecosistemas, lo que a su vez tiene un impacto positivo en la ecología y apoya la conservación” señaló Church.
“La gente piensa que estamos desextinguiendo a los mamuts, devolviéndolos a la vida”, dijo en una charla por Zoom desde su laboratorio en Harvard. “En realidad estamos intentando desextinguir genes”.
Utilizar a estas criaturas históricas para generar atención mediática, tiene sus recompensas económicas. No obstante, el verdadero negocio estará en explotar los beneficios tecnológicos potencialmente lucrativos empleados en el proyecto, así cómo los descubrimientos realizados a lo largo del camino (Colossal y Harvard tienen la licencia exclusiva para comercializar las tecnologías desarrolladas).
Señala Lamm que: “si podemos utilizar el atractivo y la emoción de traer de regreso animales extintos para crear nuevas tecnologías, entonces será una victoria”. Sólo por citar un ejemplo relacionado en específico con el proyecto del mamut; se ha descubierto que los elefantes son más resistentes al cáncer, por lo que los investigadores están analizando los factores genéticos y cómo eso podría traducirse a los humanos.
“Este trabajo no sólo beneficia los esfuerzos de extinción y conservación, sino que estas tecnologías que construimos se pueden aplicar para mejorar la salud humana y para tratar enfermedades” concluyó.
Las cosas pueden salir muy bien -pero también muy mal. ¿Será ético jugar a ser Dios y a modificar genéticamente animales vivos? ¿Especialmente si lo hace una empresa privada con fines de lucro?
Son preguntas difíciles de responder -especialmente en una columna-. Pero quizás valga la pena volver a ver Jurassic Park, o releer la extraordinaria novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” para darnos una idea.
Twitter: @EduardoTurrentM