En México, las enfermedades más graves y costosas en términos de salud pública son la diabetes y la obesidad

Si se hace un balance de lo que ha pasado en los mercados financieros durante el primer semestre del año, se puede encontrar un periodo en donde sorpresivamente diversos activos han entregado rendimientos atractivos a pesar de que las noticias no han sido alentadoras, destacando principalmente la desaceleración económica a nivel global, la guerra comercial entre Estados Unidos con diversas geografías como China, México, y Europa, y la historia interminable del Brexit, entre otras. En la parte local, este periodo se ha destacado principalmente por cierta debilidad e incertidumbre económica junto con la baja en calificación crediticia de México.

Sin embargo, no todo es malo. El comportamiento de los mercados financieros en el semestre ha sido favorable. El S&P500 ha entregado un rendimiento en dólares de 17.35%, la Bolsa Mexicana de Valores 3.65% en pesos, la renta variable de mercados emergentes 9.22% en dólares. En los activos de renta fija, podemos encontrar bonos corporativos con calificación “AAA”, con un rendimiento total por arriba de 10%, y también el peso mexicano ha tenido un comportamiento estable comparado con otros años, cotizando en promedio por niveles cercanos a 19.15 pesos por dólar.

A modo de reflexión sobre lo que ha sucedido y de lo que puede venir, la valuación de ciertos activos podría estar un tanto adelantada, ya que se está incorporando un panorama de mayor liquidez generado por una expectativa de tasas de interés más bajas, lo que ha impulsado un mayor apetito por activos de riesgo. Con estos niveles de precios en los activos y con incógnitas y variables aún pendientes por resolver, encontrar oportunidades que puedan destapar valor resulta complicado. Por lo tanto, el panorama para el segundo semestre de este año resulta retador.

Hacer una selección adecuada de activos para invertir el patrimonio es el reto constante con el que viven los analistas financieros. La diversificación ha sido una de las mejores recetas para mitigar riesgos y maximizar rendimientos. Por lo general, y de manera tradicional, se recomiendan inversiones a través de distintos vehículos en activos de renta fija, renta variable, bienes raíces, capital privado, entre otros. Sin embargo, para la construcción del portafolio de inversión se debe considerar uno de los activos más importantes que tienen las personas, como la salud, el cual en muchas ocasiones se hace a un lado, y cuando desafortunadamente las enfermedades llegan pueden generar un fuerte impacto en las finanzas y el patrimonio personal y familiar.

Según estimaciones de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares 2016 (ENIGH), sorpresivamente, después de alimentos, trasporte y vivienda, el gasto recurrente en salud del adulto mayor de 65 años representa 5% de sus ingresos, sin considerar enfermedades crónicas.

En México, las enfermedades más graves y costosas en términos de salud pública son la obesidad y la diabetes; 33% de la población infantil y 72.5% de la población adulta padecen obesidad, y 39.2% de la mortalidad en México es atribuido a estas dos enfermedades. La Secretaría de Salud estima que el costo total de la obesidad en el 2017 fue de 240,000 millones de pesos, y seguirá aumentando hasta alcanzar 272,000 millones en el 2023, un aumento de 13% en seis años.

Estos números son de gran impacto para las finanzas públicas del país, y una enfermedad también puede llegar a impactar de manera considerable en las finanzas personales y familiares. Por eso es necesario considerar el tema de salud en la construcción del patrimonio.

Además de tener una selección adecuada de activos financieros, es importante hacer una inversión temprana en la salud y bienestar personal. Considerar este rubro puede ser una de las mejores decisiones para el futuro, ya que puede equiparar el rendimiento de cualquier activo por más atractivo que parezca.

El autor es Sales & Trading Desk / Corporate & Investment Banking- Global Markets de BBVA.

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