La producción ganadera enfrentará un problema en las próximas décadas. Su costo ambiental y consumo de recursos son muy altos

Lo anterior, porque incluyen los de los cultivos que se utilizan para su alimentación.

Cuando la población humana alcance su máximo histórico, a mediados de este siglo, podría ser insostenible, a menos de que haya algún cambio en las variables actuales.

El caso de la avicultura productora de carne puede ser ilustrativo.

Aunque el gallo se domesticó hace milenios, su productividad era baja hace un siglo.

Las gallinas ponían unos 30 a 50 huevos al año y los pollos tardaban meses en alcanzar tallas apenas comestibles.

La avicultura era una actividad marginal en las granjas y en traspatios.

Entonces, con el apremio de la depresión económica, comenzaron a ocurrir cambios en muchos aspectos, que convirtieron, lentamente, a la producción de carne de pollo en una industria integrada, con mercado creciente y rendimientos cada vez mayores.

Lo que dio como resultado que empezaran a establecerse fabricantes de alimento para las aves y criadores reproductores de esta ave en forma especializada; algunos más procesaban y vendían pollo en canal.

Posteriormente, comenzó la integración de la industria, cuando un fabricante de alimento empezó a obtener financiamiento para los engordadores de pollo, cuyo producto vendía a los procesadores.

El negocio y la tecnología avícolas continuaron su ascenso. Para los años 50 del siglo XX, la avicultura de carne ya era una industria sólida e integrada.

La productividad había progresado, pero en esa época, un pollo alcanzaba 6 semanas con un peso vivo de 1.15 kg, su pechuga era 12% de su peso y por cada kg de aumento de peso, necesitaba comer 2.4 kg de alimento.

Actualmente, a esa edad alcanzan 2.5 kg, con pechugas de 24% del peso del pollo y consumen sólo 1.8 kg de alimento por cada kg de aumento de peso.

Esos avances se lograron mediante el progreso en varios campos: genética, alimentación, sanidad avícola y cuidado de las aves mediante su manejo y alojamiento.

Las casas de genética -que son pocas, pero con muy intensa competencia e innovación-realizan procesos con una sofisticación sin igual en las cadenas agroalimentarias.

Mantienen estirpes selectas, de donde eligen a los individuos más destacados, usando modelos estadísticos para procesar millones de datos de campo y laboratorio.

Así, obtienen líneas genéticas que luego se multiplican, durante varias generaciones (deben mantener 8 líneas bisabuelas), con cruzamientos e hibridaciones bien definidos, hasta llegar a producir los pollitos de engorda comerciales.

Estos pollitos reciben cuidados y alimentación precisos, adecuados a cada etapa de su desarrollo.

De ese modo, la eficiencia productiva ha beneficiado también a los consumidores, que obtienen un producto nutritivo y apetitoso, cada vez a menor precio.

Esta eficiencia, sin embargo, deberá ser aún mayor para que la avicultura productora de carne se mantenga en las industrias agroalimentarias del futuro, aspectos que abordaré en la segunda parte de esta nota de análisis.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección Técnica y Redes de Valor de FIRA.

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