Lectura 4:00 min
Infraestructura, el laberinto del subdesarrollo
¿Recuerdan la historia de Aladino y su lámpara maravillosa? Todos alguna vez la leímos y todos más de una vez hemos jugado mentalmente con una pregunta; llegado el caso, ¿qué le pediríamos a nuestro propio genio?
Haberle dado tantas vueltas a esa sencilla pregunta, inevitablemente nos debe haber llevado a reflexionar sobre la importancia de no dejar pasar esa hipotética posibilidad, lo que supone un profundo ejercicio de análisis y síntesis que se traduzca en una única petición La petición correcta LA PETICIÓN.
A ver, llegado el caso, ¿cuál sería el deseo que ustedes le formularían al geniecillo?
¿Hacen falta parámetros? Está bien, dejemos a un lado intereses mezquinos, personales, familiares y deportivos; digamos que ustedes tienen una única oportunidad de pedir algo que sea definitivo para el futuro de México, ¿qué pedirían?
Con el fin de dar sensata respuesta a este cuestionamiento fundacional, convoqué a un grupo de amigos para que, en torno de la mesa adecuada, con los alimentos y bebidas pertinentes, se vertiera un huracán de ideas que permitiera encontrar la luz
Y se habló de humanismo, de ciencia, de derecho y democracia -vaya, hasta de futbol se habló-, hasta llegar a un anteproyecto de deseo que, llegado el momento, se pudiera plantear al genio; pediríamos, concluimos, que México se ubicara entre los cinco países con más sólidas economías del mundo.
Pero, ¿por qué reducir los anhelos, sueños e ilusiones de millones de familias a un tema meramente económico? Porque resulta la forma más clara y contundente de medir el grado de avance de una larga lista de acciones encaminadas al objetivo común de tener un mejor futuro.
Porque si la meta es contar con una economía de auténtica clase mundial, es requisito indispensable contar con sistemas de salud, educación, vivienda, alimentación y tecnología del mismo nivel. Pero hablando en plata; antes de pensar en un horizonte de tal dimensión, bien haríamos en reconocer en dónde estamos parados, qué tendríamos que hacer para lograr ese avance y, la pregunta importante, ¿nos estamos moviendo en esa dirección?
¿Qué tan sensato resulta soñar con ser la quinta economía del mundo, ante una realidad que nos dice que por méritos propios México ocupa el lugar 66 en materia de competitividad?
¿Cómo poder escalar lugares en esta tabla, cuando al analizar los criterios que la definen nos encontramos con que México ocupa el lugar 75 en lo que respecta al grado de competitividad de su infraestructura?
Ni hablar; tenemos el lugar 62 en cuanto a la competitividad de nuestra red carretera, y los lugares 91, 65, 89, 76 y 72 en lo que respecta a infraestructura eléctrica, transporte aéreo, puertos, vías férreas y líneas telefónicas.
Y es evidente que en los más altos niveles del gobierno entienden perfectamente el balazo en el pie que significa la debilidad de nuestra infraestructura.
Por eso, dentro del Programa Nacional de Infraestructura 2007-2012 se fijó la meta de situar a México entre los primeros 30 países del mundo en lo que respecta a la calidad de su infraestructura.
Sin embargo, el estudio de The Global Competitiveness Report, que ubica a México en el lugar 75 en cuanto al grado de competitividad de su infraestructura, también nos dice que en lo que va de la actual administración no sólo no se ha avanzado, sino que se ha caído 11 lugares, ya que en el 2006, México ocupaba el nada distinguido lugar 64.
Por eso se ha programado para el sexenio una inversión histórica en materia de infraestructura de 1 billón 780,000 millones de pesos. Sin cuestionar el grado de ejercicio de la inversión, es evidente que revertir el rezago en cuanto a infraestructura depende también de la profundidad de la planeación, de los elementos que existan para implementarla, del grado de coordinación entre los tres órdenes de gobierno y de un entorno regulatorio adecuado.
Es tiempo de reformular lo que le pediríamos al genio Por qué no pedir que se generen las condiciones que permitan que México avance en forma acelerada para ubicarse entre las primeras economías del mundo?.
Por qué no pedir que se derriben las barreras que nos permitan generar una infraestructura alineada con ese objetivo?
Los invito a opinar sobre estos temas en mi blog (www.centrourbano.com) o en mi nuevo espacio en twitter (@horacio_urbano).