El 2017 se ha terminado, y pasando la euforia de las fiestas decembrinas, caemos en cuenta de lo que nos ha dejado el año anterior, y así prepararnos de la mejor forma para afrontar el 2018, en el que se esperan eventos de gran trascendencia en México (año electoral, negociaciones del TLCAN, etcétera). Y, en términos económicos, ¿qué nos ha dejado el 2017? De inicio, un crecimiento económico por debajo del esperado (1.5% al III trimestre del 2017, de acuerdo con el Inegi), así como una paridad cambiaria rondando los 20 pesos por dólar, y una inflación acumulada de 6.77% que, como dio a conocer el Inegi en esta semana, fue la más elevada desde el 2000. La inflación fue una preocupación del Banco de Mexico (Banxico) a lo largo del 2017 y dado que esta variable tiene efectos tanto en nuestros gastos como en nuestros ingresos, es importante considerarla para tener una adecuada planeación financiera.

Tomando en cuenta la inflación del 2017 debemos conocer sus implicaciones en nuestras decisiones financieras del 2018. Tres rubros son de primordial atención: nuestras inversiones (en productos financieros), nuestros créditos, y nuestros sueldos o salarios.

En términos de nuestras inversiones (mercado monetario, activos de renta fija, activos de renta variable) debemos revisar el rendimiento real de dichos activos, es decir, restando la inflación a su rendimiento total obtenido. En el caso de los pagarés y productos financieros similares (con rendimiento liquidable al vencimiento) bastaría con comparar el GAT (ganancia anual total) real esperado al momento de la adquisición del activo y el GAT real ya descontando el nivel de inflación del año pasado. Para el caso de activos de renta fija es importante recordar que las tasas de interés de referencia se ajustan relativamente a la par que la inflación, lo que les ha permitido contrarrestar en cierta medida los efectos inflacionarios, dado que estas tasas de referencia se ubican actualmente por encima de 7%; sin embargo, eso únicamente significa que en promedio los activos de renta fija de corto plazo se vieron mayormente beneficiados por esta alza de las tasas de interés que los activos de renta fija de largo plazo. Por su parte, en términos generales, las inversiones en activos de renta variable podrían ser las más afectadas por el bajo crecimiento económico y la elevada inflación. Lo óptimo, sin lugar a dudas, es que el rendimiento de nuestras inversiones incrementara nuestros activos y compensara los efectos de la inflación.

Para el caso de nuestros créditos es vital conocer si se encuentran contratados a tasa fija o a tasa variable, dado que estos últimos habrán sufrido las peores consecuencias de la inflación. No obstante, de acuerdo con las expectativas de inflación de los expertos del sector privado que publica el Banco de México, la inflación acumulada esperada para el 2018 se ubicará en 3.81%, lo cual indicaría —de ser certero el pronóstico— que la inflación podría verse acompañada de un ajuste de las tasas de referencia por el mismo Banxico.

Con respecto a los sueldos y salarios, el panorama es incierto; algunos pronósticos sugieren que los sueldos y salarios aumentarán alrededor de 5%, con lo que el aumento salarial no alcanzará a compensar la pérdida del poder adquisitivo de nuestro dinero. No obstante, será necesario analizar, a medida que se realicen dichos aumentos, en qué sectores se han dado mayores y menores incrementos.

Podemos observar que la elevada inflación del 2017 nos exige ajustar nuestras decisiones financieras para el 2018, sobre todo en los rubros arriba mencionados, con la idea clara de asegurar la compensación de la pérdida del poder adquisitivo de nuestro dinero. Empero, dichas decisiones deben ser revisadas constantemente pues, aunque las expectativas de los expertos prevén una inflación más baja para el 2018, el reciente incremento en los combustibles y las preocupaciones por que Banxico alcance su objetivo de inflación en el corto y mediano plazo son factores latentes.

Director de Nuevos Negocios Digitales de BBVA Bancomer.

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