La forma tradicional de financiar el gasto público la constituye el cobro de impuestos. No obstante ello, el Estado ha encontrado otras formas para convencer a los ciudadanos para que éstos hagan aportaciones adicionales y voluntarias al erario público.

Una de ellas es ofrecerles en venta billetes de loterías o boletas de concursos y sorteos que, de resultar premiados, convierten a sus tenedores de simples ciudadanos en acaudalados millonarios.

Con los recursos obtenidos, –descontando el pago de premios- organismos como la Lotería Nacional o Pronósticos los destinan a la asistencia pública.

Un ingrediente que atrae a compradores de loterías y concursos es la de no sujetar a los ganadores a una carga fiscal elevada. En estos casos, el Impuesto Sobre la Renta (ISR) equivale a 1% sobre el valor del premio, siempre que la entidad federativa en que se pague dicho premio no hubiere establecido un impuesto local superior a 6% (lo que entiendo es el común denominador en todo el país). De lo contrario, el ISR federal asciende a 21 por ciento.

Para el caso de juegos con apuestas y sorteos (incluidas las apuestas en máquinas) que realicen particulares permisionarios y los organizados por organismos descentralizados, se estableció en la presente administración un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios a la tasa de 30 por ciento.

Este impuesto corre a cargo de los organizadores de los juegos y se calcula sobre el monto vendido en los sorteos. La venta de los billetes y boletos está exenta del IVA.

Ahora bien, otro componente fundamental para participar en este tipo de sorteos es la credibilidad que tengan los participantes en los organizadores del sorteo, en la seriedad y transparencia del concurso, en el destino asistencial de los recursos obtenidos y en el pago del premio.

Hasta hace algunos años, en los que el Estado tenía el monopolio en su organización, el comprador de lotería o pronósticos no tenía otra opción que la de participar de buena fe; sin embargo, al abrirse el espectro de participantes y permisionarios, la credibilidad de los sorteos organizados por agencias estatales cobra una relevancia vital al tener que enfrentarse –ahora- a diversos competidores.

De ahí que el fraude cometido en Pronósticos para la Asistencia Pública a principios de este año –y que sigue impune- no sólo produjo un daño patrimonial en quienes participaron en el sorteo Melate y Revancha anulado y en quien ganó el concurso al día siguiente, pues no le han pagado el monto que debió haberse acumulado del sorteo previamente anulado, sino que sigue repercutiendo en el erario público (y por lo tanto, en los beneficiarios de la asistencia pública), ya que el propio organismo reportó el pasado mes de agosto al Congreso de la Unión que desde la comisión de tan singular ilícito, las ventas han caído 25%, lo que -se calcula- implica una pérdida mensual de 200 millones de pesos.

Las ineficiencias en las que ha caído dicho organismo en tiempos recientes son insostenibles. Durante la gestión de Adolfo Blanco Tato al frente de Pronósticos para la Asistencia Pública, de manera por demás innecesaria se gastaron elevados recursos para ampliar la sala de sorteos.

De esta forma, al alejar del sitio en el que se ubican los asientos de los participantes de la administración del sorteo del lugar en el que se instalaron las esferas que succionan los números ganadores de las urnas, se produjo una distancia física tal que impide a los participantes de la administración del sorteo (incluido el interventor de Gobernación) poder ver directamente los números ganadores, teniendo que apoyarse forzosamente en monitores de televisión colocados frente a ellos.

La comisión del ilícito con un video pregrabado –si no es que hubo varios- sólo era cuestión de tiempo.

Desde que se fundó Pronósticos Deportivos en 1978, cuando nadie le atinó al triunfo de Túnez sobre México en la quiniela del Mundial argentino, y hasta hace poco tiempo, el organismo gozó de un extraordinario prestigio.

Para el 2006, esta dependencia llegó a ingresar más de 7,000 millones de pesos, superando a la Lotería Nacional.

Siendo una fuente importante de recursos públicos para el erario federal, esta situación debe esclarecerse a la brevedad.

Por cierto, si alguien conoce al ganador del concurso del día siguiente al del fraude, avísenle que su derecho a reclamar el premio completo está por vencerse.

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