La cirugía en general tiene mala fama, no sólo por lo invasiva que es para el organismo, sino por las complicaciones tras la intervención si no se realiza correctamente. Ese temor es aún mayor para las cirugías bariátricas, que implican modificar la forma y función del aparato digestivo.

Dado que se trata de una cirugía altamente especializada, la deben realizar profesionales médicos con verdaderamente entrenamiento. El problema es que, al igual que sucede con otras áreas de la medicina que se ponen de moda como la cirugía estética y reconstructiva, en la cirugía bariátrica también existen charlatanes y gente no bien preparada que ofrece este tipo de intervenciones sin el adecuado seguimiento, y por ende derivan en complicaciones para el paciente.

En el sector público hay un caso de éxito que vale la pena destacar por la forma multidisciplinaria y profesional en que se aborda la obesidad mórbida y se tiene la cirugía bariátrica como alternativa para quienes no logran bajar de peso de otra manera.

Primero fue el Hospital Rubén Leñero, que se saturó rápidamente y durante el gobierno de Marcelo Ebrard se decidió la apertura de una segunda clínica de obesidad en forma más amplia y profesional en el Hospital Tláhuac. Ambos son hospitales del gobierno de la ciudad de México que conjuntan una experiencia única; han realizado más de 1,500 cirugías bariátricas y ahora son centros de enseñanza para los médicos que quieren obtener la especialidad respaldada por la UNAM. Dichos hospitales ofrecen un programa completamente gratuito con un plan de cobertura de tres años para los pacientes que cubren el perfil y que pasan distintas fases antes de ser ubicados como susceptibles de ser operados.

El Dr. Carlos Zerrweck, director de la Clínica de Obesidad del Hospital General Tláhuac, nos cuenta que para lograr la apertura de esta clínica en el 2012, tuvo que haber voluntad de la autoridad para firmar un contrato multianual con los proveedores. En este caso la empresa que aporta los insumos es la farmacéutica Johnson & Johnson que ganó la licitación para ofrecer el equipamiento y toda la gama de requerimientos técnicos para montar y operar una clínica de cirugía bariátrica.

Fue un contrato especial de arrendamiento multianual se comprometió a cubrir los requerimientos por tres años, y el gobierno, específicamente la Secretaría de Salud, a ir pagando a lo largo de ese periodo. No es fácil que se den este tipo de contratos porque para los gobiernos es difícil comprometerse a hacer pagos por varios años, pero en esa ocasión fue posible.

Ahora el Hospital Tláhuac del Distrito Federal es punta de lanza en América Latina en cirugía bariátrica y algunos gobiernos estatales vislumbran replicar el proyecto, pero hasta la fecha ninguno lo ha logrado.

Otros hospitales donde se hacen este tipo de cirugías son el Instituto Nacional de Nutrición y el Hospital Gea González, también del Distrito Federal, pero dependen de recursos federales y el esquema es diferente porque los pacientes sí tienen que pagar los insumos en función de su nivel socioeconómico. El precio puede llegar a 40,000 pesos; nada que ver con los costos de una cirugía bariátrica en el sector privado que pueden llegar a 200,000 pesos, pero de cualquier manera no son costos accesibles para alguien sin recursos. Un punto a discutirse es que los seguros médicos privados incluyan la cobertura de cirugías bariátricas, dado que resolverían complicaciones de salud más costosas a partir de la obesidad del paciente. Si consideramos que somos el segundo lugar mundial en obesidad, pues la padece 30% de la población mexicana, lo más probable es que a las aseguradoras les esté saliendo mucho más caro estar cubriendo todas las enfermedades relativas a la obesidad. Y habría que ver si sería más costo-efectivo incluir la cirugía bariátrica como una opción para sus asegurados que podría ir emparejado con un compromiso paralelo de autocuidados posteriores del paciente asegurado.