Para muchos puede ser intrigante saber por qué los estados del sur de México son, por mucho, los más pobres y atrasados del país. Coneval acaba de publicar un interesante análisis sobre el rezago social en estas entidades federativas (Índice de Rezago Social), concluyendo que ellas presentan el mayor porcentaje de carencias en calidad y cobertura de la educación, alfabetización, servicios de salud, entre otros indicadores. Los estados mencionados concentran relativamente los niveles más altos de pobreza y marginación. De hecho, las tres entidades federativas encabezan la lista por porcentaje de población con ingreso inferior a la línea de bienestar mínimo (entre el 36% y el 50%).

Son, verdaderamente, incubadoras de pobreza y reactores para su reproducción inter-generacional, lo cual no es nada nuevo, sino algo que se remite a escalas de tiempo seculares. Por otro lado, el IMCO publicó en días recientes el Índice de Competitividad Estatal que mide la capacidad de los estados para inducir, atraer y retener talento e inversiones, condición sine qua non para el aumento en la productividad, ingresos más altos, bienestar, y desarrollo, y para la reducción de la pobreza. Nada sorpresivamente, Guerrero, Oaxaca y Chiapas ocupan los últimos lugares en la prelación nacional. De manera indudable tales entidades federativas son un reto formidable de política pública. Será imposible enfrentarlo si no se identifican de manera objetiva las causas de su abismal rezago. Suponemos que no estamos asumiendo una posición panglossiana (Voltaire) de que su situación es la deseable y la mejor posible para sus habitantes.

De manera sincera debemos partir del hecho de que existe una causalidad institucional y cultural de fondo muy peculiar que explica su circunstancia. ¿Por qué estos estados son extremadamente pobres y conflictivos y otros relativamente prósperos e institucionalizados –haciendo a un lado el flagelo del narcotráfico en otras entidades–? Responder esta pregunta nos obliga a echar mano de una vasta literatura sobre las causas de la notable divergencia económica que han observado regiones y países a lo largo de la historia (Diamond, Sachs, North, Landes, Acemoglu y Robinson, Fukuyama). Son los estados con la mayor conflictividad social; con el más bajo desempeño educativo (donde domina la siniestra CNTE) y formación de capital humano; donde la aversión al capitalismo está profundamente arraigada; donde territorios completos están en manos de milicias, escuelas normales y organizaciones magisteriales subversivas imbricadas con el narcotráfico; donde los gobiernos están capturados por estos poderes fácticos; y donde la impunidad es la regla y el estado de derecho y la legalidad son la excepción. Obviamente, la inversión se inhibe o ahuyenta y la industria es virtualmente inexistente, todavía más, por la ausencia de una cultura empresarial, lo que hace persistir una muy baja productividad y, por tanto, ingresos muy precarios.

Guerrero, Oaxaca y Chiapas son también los estados con mayor diversidad y riqueza biológica, misma que se destruye con celeridad, liquidándose el capital natural y con ello oportunidades económicas y el patrimonio ecológico más valioso de la Nación. Los caracteriza sobre todo su esencia rural, con una alta densidad de población campesina, que subsiste dispersa en miles de pequeños asentamientos aislados, y con una proporción de población urbana que es la más baja del país. La presencia del Estado es tenue, su geografía es muy accidentada y configura un marco de barreras físicas que obstaculizan la provisión de servicios públicos, y la cohesión e integración política y económica de mercados, regiones, poblados y comunidades. Su ecología es muy diversa pero frágil, apta para actividades agrícolas de alta productividad sólo en valles y planicies aluviales y costeras muy restringidas. Es bastante claro que, sin urbanización plena en ciudades medias, estado de derecho, cultura de emprendimiento productivo, gobiernos lúcidos y eficaces, educación de calidad, una sociedad civil corresponsable, y una política social inteligente, Guerrero, Oaxaca y Chiapas permanecerán en el pozo de la pobreza y el atraso.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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