El ejercicio de las encuestas, a grandes rasgos, fue satisfactorio, pero como instrumento de precisión quedó a deber. Las encuestas son un instrumento indispensable de medición en las elecciones. Tienen varias funciones: mostrar cómo se perfilan las tendencias, informar el estado del proceso electoral, difundir el avance o retroceso de los candidatos, evaluar el desempeño de un gobierno o generar expectativas sobre un eventual ganador, por mencionar algunas.

Son instrumentos de medición, propaganda e información. Pueden contribuir a generar un voto informado, pero también pretender manipular al electorado. La industria de las encuestas electorales irrumpió en los 80 y ha experimentado un crecimiento exponencial desde que las elecciones presidenciales se hicieron crecientemente competitivas.

Hoy prevalece en el país una oferta razonable de casas encuestadoras dirigidas por profesionales, aunque también hay las de dudosa reputación.

Sobre el proceso electoral que está por concluir –no olvidemos que falta la calificación de la elección-, destacaría:

1. Es obvio que hay una guerra por determinar la cifra más exacta. En este contexto, el ejercicio de Grupo Milenio con GEA/ISA para registrar mediciones diarias representó una apuesta sin precedentes para presentar una fotografía diaria sobre la elección (que terminó con los más bajos rendimientos).

2. Normalmente, hay alguna medición cuyo resultado tiende a generar un shock en el ritmo de las encuestas. En este caso fueron dos: la de Reforma y la de Berumen y Asociados, que registraron la ruptura del empate técnico por el segundo lugar que hasta entonces sostenían la candidata del PAN y el de la coalición Movimiento Progresista.

3. Una encuesta a tercios desiguales probablemente fue factor para que el número de indecisos haya sido tan elevado (alrededor de 20%) al cierre de las encuestas.

4. Cuando cerraron las encuestas, el diagnóstico correspondió con el resultado, pero sí fallaron en el pronóstico para el candidato del PRI-PVEM.

Aquí el reto será reflexionar de manera muy fina sobre las razones que llevaron a estimar –y no es la primera vez- al PRI, su candidato y su coalición, muy por encima de los resultados hasta ahora conocidos.

En suma, en este proceso electoral las encuestas tuvieron un papel importantísimo y los resultados serán motivo de reflexión por algún tiempo. Las experiencias estarán plasmadas en futuras encuestas. Esperemos, por el bien de la industria, del instrumento y de la información a la opinión pública, que las encuestas sean cada vez mejores.

hvives@itam.mx