A lo largo de siete décadas, la familia San Román ha edificado un emporio turístico en ese balneario natural. Después de servir a la Fuerzas Armadas -de acuerdo con diversos estudios históricos elaborados por investigadores de la UAEM- el teniente coronel Arturo Alfredo San Román Chávez regresó a territorio mexiquense y se dedicó a la comercialización de la madera en los bosques que circundan al Nevado de Toluca.

En 1941, invitado por el entonces gobernador, Alfredo Zárate Albarrán, llegó a Ixtapan de la Sal, donde entonces funcionaban 13 hoteles en las márgenes de los borbollones de San Gaspar. Y a partir de la curación de una chica con una artritis severa, quien después de una terapia en las aguas termales pudo volver a caminar, decidió enfocarse a ese mercado. En 1944 compró el hotel balneario, y tres años después se hizo del control de Campos Mexicanos de Turismo, una empresa que tenía como principal accionista al ex presidente Pascual Ortiz Rubio y que tenía la concesión para explotar los mantos de San Gaspar, lo que en su momento generó protestas de pequeños hoteleros y lugareños, que tomarían décadas para diluirse.

En aquella primera etapa, recuerdan los lugareños, el impulso de doña Sara Widerkehr, esposa del militar retirado, convirtió al balneario en un centro turístico medicinal que al paso de los años se convertiría en uno de los más visitados por la comunidad judía y en el primer spa en México.

Sobre esa base emergió NISA, la empresa familiar que a mediados de la década de los 70 se convirtió en la principal concesionaria de agua de riego. Ya entonces operaba el parque acuático de Ixtapan de la Sal. San Román Chávez falleció en 1977 en San Diego, California, a la feliz edad de 84 años. Su hijo Arturo ya había tomado la estafeta de los negocios, que en una primera etapa mantuvo en el segmento de la medicina turística. En 1997 obtuvo el refrendo, por 25 años, de la concesión de los borbollones termales de San Gaspar y un año después, -con el entonces gobernador César Camacho Quiroz y el titular de la secretaría de Turismo, Óscar Espinosa Villarreal- procedió a la reinauguración del parque acuático, que se distinguía por su recorrido escénico en unos trenecitos, réplicas del célebre C.P. Huntington de 1863.

Posteriormente construiría Gran Reserva, Ixtapan Country Club y el fraccionamiento Residencial Ixtapan, además de la modernización del viejo spa. Justo en el sexenio de Arturo Montiel Rojas ocurrió su expansión: además de la reconversión del parque acuático -considerado entre los 10 más importantes en el mundo, por sus juegos de nueva generación y tecnología de punta- se convirtió en proveedor del gobierno mexiquense e incursionó en el negocio de la Educación Media Superior.

En la oficina del gobernador Montiel Rojas se incubó lo que posteriormente fue identificado como Los Golden Boys, que tuvieron entre sus principales elementos a Enrique Peña Nieto y Luis Miranda Nava, quienes ajenos a la conspicua clase política, prefirieron forjar sólidas alianzas con el empresariado mexiquense. Y eso, en buena medida, explica su presencia en el Gran Reserva. La necesidad de estar cerca de Montiel Rojas, pero sobre todo su afición al golf, llevaron a los entonces jóvenes tecnócratas a Ixtapan de la Sal, que a diferencia de Malinalco o Valle de Bravo -donde altos directivos y familias pudientes tienen sus casas de descanso- se convirtió en el refugio de los políticos y potentados cercanos al entonces mandatario mexiquense.

En aquella época, el green de Gran Reserva era frecuentado por el obispo Onésimo Cepeda, Ricardo Aguilar Castillo, David Korenfeld, Miranda Nava y, por supuesto, por Peña Nieto, quien ahora gusta recorrer los campos de Punta Mita. Y es que su recorrido -de 7,300 yardas, diseñado por el arquitecto Santiago Aspe Poniatowski- no tiene parangón en la región centro del país. Y desde entonces, la Constructora Urbanizadora Ixtapan comenzó a recibir contratos del gobierno mexiquense.

Arturo San Román Widerkehr era el accionista mayoritario del parque acuático, y tras de su fallecimiento, su primogénito quedó al frente de esa parte de las empresas familiares. Su primo hermano, Roberto San Román Dunne, es el empresario que desarrolló Gran Reserva, que erigió sobre la base del viejo Hotel Ixtapan. Y Ricardo San Román tiene el Ixtapan Golf Resort Country Club. El emporio familiar también abarca Zona Uno, la desarrolladora inmobiliaria que comercializó Residencial Ixtapan.

A la revelación de The Wall Street Journal sobre la casa adquirida por Peña Nieto en Gran Reserva, la Presidencia de la República rápidamente descartó que el Ejecutivo federal haya incurrido en alguna falta, en la adquisición de su casa de Ixtapan de la Sal y/o que la familia San Román haya sido favorecida por esta administración federal. En lo que va del sexenio, remarcó el vocero Eduardo Sánchez, se han asignado 6,534 contratos, por más 227,000 millones de pesos, a más de 4,000 empresas. Sólo 12 contratos han sido para los empresarios de Ixtapan de la Sal.

¿Es un asunto de transparencia o de conflicto de interés? La insistencia sobre la instalación de una comisión especial que dilucide sobre esto parece inevitable.