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Opinión

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Gasto público y crecimiento

Lo ideal es que se gaste en el sector rural para inducir cambios en la estructura de la producción, que eleven?la productividad.

En los libros de texto se habla de la existencia de un efecto multiplicador del gasto público, a través del cual un aumento en el gasto propiciado por un déficit tiene el efecto de aumentar el nivel de actividad económica.

Asimismo, se dice que un aumento en los impuestos tiene el efecto contrario, al retirar recursos de la economía que podrían ser ejercidos por los agentes económicos.

Hoy en día este debate se ha aplicado tal cual a la situación que vive el país, teniendo en un lado de la mesa a empresarios -principalmente- que se quejan del aumento de impuestos y que pronostican una baja en la actividad económica, debido a los menores recursos disponibles para consumo de parte de las familias y para inversión de parte de las empresas.

Del otro lado de la mesa está el gobierno, que defiende el punto de que el mayor gasto público incentivará el crecimiento de la economía, a partir del cual entraremos en una nueva era de expansión.

Ambos puntos ameritan una amplia reflexión, ya que no existe consenso académico al respecto y mucho menos evidencia empírica para el caso de México, en donde la investigación en este y otros temas ha sido dejada en el olvido.

En algunos lugares se ha estudiado el efecto en el crecimiento, encontrándose que éste no es duradero, debido a que no va dirigido a propiciar un cambio que efectivamente aumente el potencial del crecimiento y el efecto de corto plazo pronto se desvanece.

Más aun, cuando hablamos de distribución y pobreza, nunca se cuestiona si en verdad lo que el gobierno dedica al famoso gasto social, que -según la autoridad- en el 2014 ocupará la mayor proporción, efectivamente ayuda a disminuir la pobreza y la marginación.

Aquí, de nuevo, la evidencia empírica no es tan concluyente, por lo menos en economías que -como la mexicana- tienen a un sector de actividad basado en la explotación de recursos naturales para generar exportaciones y divisas y, al mismo tiempo, poseen un sector rural que está casi en el abandono, en donde la pobreza y marginación son lacerantes.

Lo ideal es gastar en el sector rural para inducir cambios en la estructura de la producción, que eleven la productividad, pero, si en contraste, dicho sector ha quedado abandonado por la emigración de hombres en edad de trabajar, como en México, el resultado no es alentador.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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