La reforma electoral de 2008 corrijió uno de los abusos más escandalosos a que dio lugar el régimen de coaliciones electorales en México. Suprimió la transferencia de votos entre partidos políticos mediante convenios de coalición. En adelante, los únicos votos que contarían para mantener el registro y recibir financiamiento público serían los que los electores les dieran en las urnas al tachar su emblema en la boleta.

La medida puso un freno al abuso de los convenios de coalición como medio para asegurar la supervivencia de partidos que no tenían ninguna representatividad en el electorado. Sin embargo, abrió la puerta a otro tipo de tropelías: la evasión del tope constitucional del 8% a la sobrerepresentación en la Cámara de Diputados.

Los convenios de coalición se empezaron a utilizar como medio para darle vuelta a la diferencia máxima permitida entre el porcentaje de votación y de curules. El esquema opera mediante la transferencia de cuotas de sobrerepresentación.

Un partido nodriza, socio menor de coalición, registra como suyos a los candidatos de su socio mayor en distritos uninominales relativamente seguros. Estas curules contarán para topes de sobrerepresentación del partido nodriza. Así el socio mayor de la coalición podrá conseguir un mayor número de curules de representación proporcional (RP), que aquellas a las que tiene derecho.

Una vez pasada la elección, la simulación se hace evidente. Los diputados incubados abandonan el partido nodriza. Se adhieren al grupo parlamentario del partido que encabeza la coalición, cuyo tamaño se infla por encima de los topes de sobre representación permitidos.

La sobrerepresentación de unos significa la subrepresentación de otros, pues la Cámara de Diputados sólo tiene 500 integrantes. La práctica de incubar diputados mediante partidos nodriza afecta principalmente a las minorías partidistas. Reduce el número de curules plurinominales que de otra manera se repartirían entre ellas.

Como dicen Javier Martín Reyes y Juan Jesús Garza, la evasión a los topes de sobrerepresentación constituye un fraude a la ley (federalismo.nexos.mx). Permite que los partidos que encabezan coaliciones acumulen poder más allá de lo autorizado por la Constitución e incluso construyan mayorías artificiales, como la de Morena en la actual integración de la Cámara de Diputados.

A decir verdad, el PRI fue el primer beneficiario del uso de las coaliciones para evadir topes de sobrerepresentación. Con el uso del PVEM como partido nodriza, logró rebasar el límite por 0.2% en 2012 y 1.7% en 2015. Pero en 2018, Morena llevó al extremo el abuso. La utilización del PES y PT como nodrizas le permitió rebasar el tope a la sobrerepresentación por un 7.7%, que equivale a 39 diputaciones.

Afortunadamente, para frenar esta práctica no hace falta que se reforme la ley, lo cual sólo podría ocurrir después de las elecciones de 2021. El INE tiene atribuciones para reglamentar la asignación de curules de representación proporcional. De acuerdo con un proyecto circulado la semana pasada, busca someter a las coaliciones a un test de sobrerepresentación. Ello limitaría la transferencia de cuotas de sobrerepresentación de los socios menores a las cabezas de coalición y garantizaría mayor proporcionalidad en la integración de la Cámara de Diputados.

El nuevo procedimiento no está expresamente establecido en la ley, pero se sustenta en las facultades del INE para garantizar que la sobrerepresentación permanezca dentro del rango permitido por la Constitución. La medida terminaría con los partidos nodriza. Sin embargo, ayudaría a proteger el sistema de representación política, garantizar los derechos de las minorías e impedir la excesiva de concentración de poder.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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