En la primera nota sobre la biocapa denominada rizósfera, se hizo énfasis en la importancia que representa establecer un plan de gestión de este recurso y considerarlo como un activo productivo al ser la fuente de nutrición de las plantas; a continuación, se presentan algunas consideraciones rápidas a tomar en cuenta como parte de los sistemas de gestión de la rizósfera

Entre la microflora que se puede encontrar en estado libre y que fija nitrógeno se encuentran las nitrobacterias Clostridium y Klebsiella. Pero las cantidades de nitrógeno fijadas por estos organismos son, en general, poco importantes, siendo insuficientes para permitir el desarrollo de una agricultura, ya que se estima que estas fijaciones son del orden de 10 a 20 Kg N/ha/año.

Por otra parte, existe el Rhizobium, que es una de las bacterias del suelo más conocidas por la simbiosis que establecen con las leguminosas, ya que viven en los nódulos radiculares de las leguminosas.

Cuando los pelos absorbentes de una raíz entran en contacto con una de estas bacterias, los pelos se ensortijan y las paredes de la célula se disuelven bajo la influencia de las enzimas, formando un nódulo.

Una vez dentro del nódulo, la bacteria obtiene los nutrientes necesarios (compuestos del carbono) y el oxígeno de la planta; a su vez la planta recibe compuestos nitrogenados producidos por la bacteria a partir del nitrógeno gaseoso de la atmósfera del suelo. Una hectárea de maíz deja un rastrojo de 6.7 kilos de materia orgánica seca, cuyo componente principal es la celulosa.

Adicionalmente, la energía que produce el rastrojo de maíz se podría utilizar por la bacteria Azotobacter que se reproduce en los nodos radiculares de plantas leguminosas como soya, frijol, lenteja o habas para la fijación de nitrógeno, lo que genera una posibilidad de fijación de 1,039 Kg de N/ha/año.

Es importante considerar que las bacterias anaerobias de la descomposición de la celulosa producen subproductos, que van a ser aprovechados como fuente de energía por la Azotobacter para la fijación de nitrógeno atmosférico, el cual es utilizado por bacterias como Cytophaga (aerobia) y por las bacterias anaerobias de la descomposición de la celulosa.

Es evidente que los diferentes tipos de microorganismos que viven en el suelo no están aislados. Interactúan entre ellos en lo que se conoce como la micorrizósfera, espacio que, además de las raíces de las plantas; en particular los efectos de hongos micorrizas en las comunidades de bacterias de la rizósfera producen sustancias ricas en carbono que las bacterias pueden aprovechar, como por ejemplo: modificar el pH, los hongos pueden segregar sustancias que controlen el crecimiento de las colonias de bacterias, y se mejora en la estructura del suelo.

Las interacciones entre unos y otros aportan una sinergia que ayuda a aumentar todavía más el efecto beneficioso sobre los cultivos.

Los sistemas de gestión biológico de la rizósfera están disponibles en el mercado de asesoría por empresas y profesionales especializados en biotecnología y suelos. El costo de los insumos es cercano a los 800 pesos por hectárea, con lo que se puede incrementar 30% los rendimientos al mismo tiempo que se reduce el costo de fertilización que puede pasar de 25% del costo total de cultivo a sólo 5 por ciento.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos de FIRA.  La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.