Si consideramos que 78% del volumen de gas en nuestra atmósfera es nitrógeno, entonces es fácil entender por qué las plantas utilizan este gas como principal nutriente para su crecimiento. Lo curioso es que el principal proceso de transformación de este gas y el resto de los elementos químicos se realiza fuera de los órganos

El mayor proceso de transformación de nutrientes se realiza en la biocapa que rodea a las raíces, la cual es conocida como rizósfera y se le puede considerar como el principal activo productivo de un predio agrícola, ya que es ahí donde se realiza la función digestiva para las plantas.

Si bien este ambiente requiere humedad, es más importante que el agua encuentre un balance de organismos que permitan un desarrollo equilibrado de materia orgánica, microflora, mesofauna y fauna, ya que en conjunto cumplen con funciones físicas, químicas y biológicas que acondicionan el suelo y transformar los elementos químicos en nutrientes para las plantas.

México cuenta con 31.2 millones de hectáreas agrícolas con intervenciones cotidianas de suelos en donde su productividad es el principal incentivo económico para adoptar sistemas de gestión de la rizósfera.

De acuerdo con el investigador LR Oldeman, del Centro Internacional de Referencia e Información de Suelos de FAO, la degradación del suelo se refiere a los procesos inducidos por las actividades humanas que disminuyen su productividad biológica y su capacidad actual o futura para sostener la vida humana.

La reincorporación de la materia orgánica que se pierde por prácticas tradicionales como el uso de fertilizantes químicos y la quema de residuos de cultivos sobre la superficie cultivada es una práctica fundamental en la gestión de la rizósfera, que permite recuperar parte de la capacidad de fertilidad de los suelos.

Pero la incorporación de materia orgánica no es suficiente para recuperar al menos la misma capacidad productiva que tenía al inicio de un ciclo, adicionalmente se requiere estabilizar biológicamente el suelo.

La biotecnología aplicada a la nutrición vegetal permite gestionar en forma óptima la rizósfera y su conocer su impacto en el metabolismo y fisiología de las plantas, con el propósito de lograr mayor productividad en los cultivos a un menor costo, y sin impactar al ambiente y a la salud humana.

En casos en que se aplicaron los principios de gestión biológica de la rizósfera, en el primer ciclo la producción de pepino se incrementó de 57 a 70 toneladas por hectárea, el jitomate pasó de 62 a 75 toneladas por hectárea, el maíz pasó de 5 a 6.65 toneladas por hectárea, manteniendo constantes variables como tipo de semilla, uso de fertilizantes, riego, densidad de siembra, zona agroecológica y sistema de riego.

Próximamente entraremos en mayor detalle de los sistemas de manejo de la rizósfera y sus beneficios económicos para proyectos de inversión agrícola.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.