Nada tenía que ver, lo juro. Era noviembre del año pasado —apenas el día 15— y yo estaba en una librería empeñada en conseguir Noticias del Imperio. La mejor novela mexicana de los últimos 30 años, según una encuesta del 2007. Una novela sobre los infaustos emperadores de México —como muy bien lo dijo Christopher Domínguez—  donde el autor “supo recoger y expresar el cariño, y la conmiseración que Maximiliano y Carlota, aun entre sus enemigos de antaño y hogaño, suscitaron y suscitan entre los mexicanos”. Una obra que deshila la leyenda patria, tan grande como “la epopeya antinapoleónica La guerra y la paz, de Tolstoi” y donde “la ficción es capaz de reeducar a la historia pues está hecha por un verdadero artista”. Todo eso.

Por todo eso y más era importante obtener un ejemplar. Para no regalar mi propia copia, para obsequiarlo a quien me había dicho no le gustaba leer más que relatos de castillos y princesas y dar literariamente un golpe de historia verdadera. No porque Fernando del Paso —el artista, escritor, dibujante, locutor y cocinero mexicano— hubiera muerto el día anterior: el 14 de noviembre del 2018 a los 83 años de vida.

Zurdo para dibujar y diestro para escribir, Fernando del Paso nació un día como hoy —sí, lector querido, un 1 de abril— de 1935 en la Ciudad de México. Cursó estudios de Economía y Literatura en la UNAM y trabajó como publicista, locutor y periodista. Obtuvo muchos reconocimientos y premios: el Xavier Villaurrutia en 1966, el Premio de Novela México 1975, el Rómulo Gallegos en 1982, Casa de las Américas en 1985, al mejor libro extranjero publicado en Francia —por Palinuro de México (1985)—, Internacional Madrid de Radiodifusión en 1986, Mazatlán en 1987, Premio Nacional de Letras y Artes en 1991 y el Premio FIL de Literatura en el 2007. Fue, además, creador emérito en 1993 y como diplomático desempeñó los cargos de consejero cultural en Francia de 1985 a 1988 y cónsul de México en París de 1988 a 1991.

Si usted pregunta, le dirán que  Fernando del Paso tiene tres títulos: José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio y que con ellas ha bastado para decir con verdad que revitalizó la lengua española, recuperó nuestra memoria histórica y lanzó a la historia de la literatura mexicana novelas totales, magnas obras que no tienen parangón ni precedente. La primera de ellas, José Trigo, fue calificada como “un vasto homenaje al lenguaje popular y los juegos de palabras”, pero es cuestión de enfoques. Otros dijeron que era “una obra casi inaccesible y sumamente espesa”, pero Fernando del Paso, en entrevista, cuando ganó el Premio FIL de Literatura dijo: José Trigo tiene una disculpa: a los 27 años, cuando la escribía, me diagnosticaron cáncer y pensé que iba a vivir dos o tres años, entonces “quise embutir en esta novela —es un gran embutido— todo lo que pude, todas las palabras, todas aquellas que conocía y también las que iba aprendiendo y las que pescaba en los diccionarios; no me arrepiento de haberla escrito”.

Tampoco renegó de Palinuro de México, que era su obra favorita por su gran contenido autobiográfico y con la que obtuvo el premio Rómulo Gallegos 1982, a la mejor novela escrita en idioma español. (No por nada fue considerada en la década de los 80 una de las novelas más influyentes de la narrativa mexicana). Ningunas palabras mejores que las de José Agustín cuando escribió sobre ella lo siguiente: “Precedido apenas por Rulfo, Revueltas, Fuentes y Yáñez, la novela de del Paso es el juego con humor, la desmitificación total y regocijante de temas como el sexo, la escatología, la erudición y la política(...) La parte correspondiente al movimiento estudiantil, es lo más profundo, más gozoso y más efectivo que se ha escrito acerca del 68. El universo de Palinuro rebasa a sus personajes y abarca algo que está muy cercano a la construcción de una nueva sensibilidad; la riqueza del lenguaje enfatiza una nueva actitud hacia la vida”.

Después vino Noticias del Imperio, una novela que tuvo en proyecto casi 20 años, más brillante que el destello de una corona, y que comenzó a escribir “por lo exótico, surrealista y macabro del tema”, que a poco se convirtió en una obra literaria antiimperialista y de protesta que, según dijo el mismo del Paso, “está alimentada con muchos datos duros de la historia que nadie pone en duda, y otros que sólo son percepciones y opiniones sobre la historia. Lo que quería hacer era un ejercicio poético sobre el abuso del poder”.

Y que todavía hoy —cuando Fernando del Paso hubiera celebrado sus 84 años— es preciso leerla. No sólo por las intervenciones, las princesas enloquecidas o la crónica del último imperio que sufrió nuestra nación. Porque nos falta estudiar historia, todavía hay palacios, abusos de poder y personajes, que a través de su novela, nos siguen tocando a la puerta. Vaya un fragmento de regalo para usted, lector querido:

“Don Benito seguía caminando, despacio. Despacio también, columpiaba las gafas en el aire.

“Le decía, sí, que a mí me debía importar un comino cómo es el archiduque. Pero las cosas no son tan sencillas, señor secretario. Usted tiene que considerar que los escritos raciales de Gobineau han tenido mucho más trascendencia en Alemania que en Francia. ¿Por qué? Porque la teoría de la superioridad pangermánica va de la mano con la idea de la superioridad de la raza blanca, incluso con la teoría de que, a unas facciones bellas, corresponde siempre un alma bella y viceversa. Y como le decía, aquí mismo, en México, no escapamos a ese prejuicio. ¿Por qué cree usted, señor secretario, que yo servía la mesa descalzo en la casa de los que iban a ser mis suegros, en Oaxaca? Pues porque yo era un indio prieto. ¿Por qué cree usted que cuando llegué a Veracruz en el Tennessee ...? Le he contado ya, ¿no? ¿No? Pues fíjese que llego yo a Veracruz, me alojan en la casa del gobernador, y un día salgo a la azotehuela y a una negra que estaba allí le pido que me dé un poco de agua. Y claro, ella no sabía que yo era el presidente, y ¿sabe usted qué me contestó? Nunca se me olvidará: ‘¡Vaya un indio manducón, me dijo, que parece improsulto. Si quiere agua, vaya y búsquela!’ Todo eso, señor secretario, me pasa por ser un indio prieto.

“Pero le pasa cada vez menos, señor presidente.

“Sí, cada vez menos, pero todavía”.

En el último pasillo de la librería se me vino una frase de no sé qué texto de Fernando del Paso a la cabeza: “Lo que no quieren ellos, lo que no quiere nadie, es verte vivo de nuevo, es que volvamos a ser jóvenes, mientras ellos y todos están enterrados desde hace tanto tiempo”.

Revisados y agotados todos los anaqueles, hallé dos libros muy poco conocidos del hoy cumpleañero: Linda 67 —novelita policiaca— y La cocina mexicana de Socorro y Fernando del Paso, recetario ilustrado a cuatro manos por nuestro autor y su mujer. Me llevé los dos.

De Noticias del Imperio, nada. Ni un volumen aquel día. Ni un ejemplar hasta hoy.

@CeKuhne