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Fallas de mercado
Elevar el potencial de crecimiento de la economía, condición sine qua non para disminuir la pobreza, requiere trabajar algunos aspectos olvidados.
Los problemas de pobreza y la falta de crecimiento, muy relacionados entre sí, pero que la mayoría trata en forma separada, muchas veces han sido señalados como consecuencia de las fallas de mercado, propias del modelo del crecimiento que seguimos en México y que algunos pretenden modificar.
Son varias las condiciones de funcionamiento que los mercados competitivos deben cumplir para producir los mejores resultados en términos de bienestar.
Primero se requiere una gran cantidad de participantes en ambos lados del mercado, para que no se presenten situaciones de monopolio, en las que un solo oferente establece las condiciones, no dejando opción a los consumidores, o de monopsonio, en las que un solo comprador las pone.
Sobra decir que en nuestro país hay demasiados ejemplos de ambas situaciones extremas de mercado, que entorpecen su funcionamiento, con las consiguientes pérdidas de bienestar.
Otra condición fundamental es la relacionada con la información; para que no se presenten situaciones en las que alguno de los participantes abusa de la ignorancia del otro, debe existir información amplia y disponible para todos, acerca del producto o productos que se comercian, sus características y precios, así como de los lugares en donde está disponible y las condiciones para accederlo. Ésta es una función que los gobiernos deben realizar, pero que, nuevamente, en México el gobierno la mayor parte de las veces ignora. El mercado de trabajo es un ejemplo claro de ello y el hecho de seguir acumulando varios cientos de egresados de algunas carreras que engrosan las filas de desempleo es otro.
Otra condición es la de las externalidades, que se puede explicar como todas aquellas circunstancias que hacen que algún participante del mercado se beneficie, sin que sea parejo para todos. El sistema político es una externalidad, al hacer del amiguismo algo que puede beneficiar mucho sólo a algunos de los participantes.
Este amiguismo ha sido compensado con el pago de rentas, para producir el mismo efecto del amiguismo; permitir que sólo uno de los participantes se beneficie. La forma como funciona el Congreso, pretendiendo meterse a legislar en todo, se está convirtiendo en un factor que beneficia y perjudica, según el tamaño de la cartera y el presupuesto para cabildeo.
Ahora que supuestamente los legisladores tienen el deseo de trabajar en reformas, podrían empezar a discutir estos pequeños detalles que hacen que en México sigamos trabajando y viviendo como en el siglo pasado.
mrodarte@eleconomista.com.mx