Hace unos días, en México se instaló un nuevo Congreso y hay voces pidiendo una nueva legislación para las encuestas, por eso decidí adelantar este tema y platicar al respecto. Lo primero, hay que especificar que ante la pregunta ¿se debe legislar sobre las encuestas? , la única respuesta que acepto es sí y no es una postura de hoy, así lo creo desde hace años y quien ahora exige una ley parece no saber que las encuestas se rigen en una muy estricta y que ha venido evolucionando. Las encuestas están sujetas a una ley federal que les obliga a cumplir con requisitos de transparencia, de solidez y de profesionalismo, pero además, el gremio tiene una autoregulación que obliga a la certificación en calidad y al cumplimiento de códigos de ética con estándares internacionales. No obstante todo lo anterior, hay quien pide prácticamente su prohibición o restricciones extremas. Esa actitud en general es equivocada y tiene más componentes emotivos que racionales, en general porque no les han gustado los resultados que generan, porque creen haber sido afectados o porque quisieran regresar a una etapa de control del Estado sobre todas las actividades, trataré de exponer ideas siguiendo la línea de frases cortas para plantear las ideas.

1.- Si la información es poder , el principio básico de la democracia debe ser la socialización de la información y no su restricción.

2.- Los legisladores hacen leyes con la convicción de que saben de encuestas y por ello se atreven hasta a prohibirlas o restringirlas; verlas no es entenderlas y, por el contrario, obstaculizarlas sí es evidencia de que no las comprenden.

3.- Las leyes que limitan a las encuestas sólo promueven la aparición de empresas encuestadoras fantasma, ya que son ellas las que no tienen nada que perder, no existen, no tienen domicilio, no hay registro de ellas pero sí circulan sus datos.

Las empresas profesionales se ven obstaculizadas y limitadas por absurdas leyes y dejan lugar a información de origen dudoso.

4.- Nunca será ilegal hacerle preguntas a la población, tampoco sumar esas respuestas o darle tratamiento estadístico, pero si hago suficientes, sigo un método científico y le llamo a ese proceso encuesta , entonces aparecen quienes se enojan y prohíben que diga lo que obtuve de ese método, son los modernos inquisidores. Restringir la difusión de encuestas va directamente sobre las libertades: la de expresión y la de prensa. Más aún, restringir la realización de encuestas afecta la libertad de trabajo.

5.- Si se prohíbe publicar encuestas, hay varios afectados: los políticos que seguramente quieren utilizarlas como mensaje en su estrategia; las empresas que las hacen, que pierden un canal de promoción; los medios de comunicación, a los que se les restringe su libertad de prensa (extraño incluso que algunos medios aprueben la restricción sin darse cuenta de que va contra ellos), pero sobre todo afecta a los ciudadanos a quienes se les limita su derecho a informarse.

6.- Pensar que no se deben publicar encuestas porque los políticos las aprovechan para decir mentiras es olvidar que en campaña los políticos dicen muchas mentiras; ¿por qué entonces se prohibirían? Lo que pasa es que las encuestas son mentiras creíbles y parece que sólo quieren permitir las mentiras increíbles .

Un candidato, por ejemplo, hace promesas que evidentemente será imposible cumplir, en cambio, podrían prohibir dar a conocer una encuesta aunque haya un método atrás de ella.

7.- En todo periodo de prohibición para las encuestas, los grupos de poder sí tienen información, la ley solamente hace que esa información se quede en ese grupo y no se socialice, que no sea pública, que le otorgue ventajas y poder a los mismos grupos que lo detentan.

8.- El principal motivo para desear prohibir encuestas es el posible efecto en el ciudadano; más allá de que hay estudios encontrados sobre ese efecto, el legislador comete el error que quiere corregir; si suponemos que las encuestas generan cambio en las preferencias, sólo bajo esa premisa su prohibición tiene el efecto de evitar los cambios, es decir, el legislador, al prohibirlas, nos está diciendo que las preferencias ya no se muevan ; en ese caso, entre el efecto por información y el efecto por ignorancia , prefiero el primero.

9.- Un político puede mentir al hablar de encuestas como puede mentir con muchas cosas, pero prohibir las encuestas por eso sería equivalente a prohibirles casi cualquier discurso, promesa o entrevista de prensa.

Normalmente, quien promueve la prohibición de encuestas forma parte de alguna fuerza política, ese grupo contrata encuestas y toma decisiones con ellas, pero parece querer que nadie más tenga esa posibilidad.

Es una expresión autoritaria resistirse a que la población tenga información que existe, vemos intentos por hacer leyes donde los políticos monopolizan el conocimiento de las preferencias y el sentir ciudadano.

Como es claro, rechazo los intentos de prohibir la difusión de encuestas aunque entiendo el espíritu que hoy nos pide transparencia en la realización y nos impone un periodo de silencio equiparable al de las campañas, pero algunas legislaciones llegan al extremo de extorsionar a las empresas a cambio de registrarlas (extorsión que disfrazan de fianza ) o piden cumplir requisitos que van contra el método mismo o contra la ética (como no usar logos de partidos o dar a conocer a quién se le aplicó la encuesta), con todas las diferencias que tenemos en la forma de trabajar las empresas encuestadoras en México, los muchos años de trabajo en varios países me permiten afirmar que existe un mercado de profesionales altamente calificados y con gran ética.

En los últimos textos de esta serie, platicaré mi visión de la metodología, la credibilidad y su capacidad predictiva.