La discusión acerca de los causantes de los peores males para la humanidad posiblemente perdure durante mucho tiempo, en especial ahora que no terminó el mundo, como lo decían algunas malas interpretaciones de escritos mayas.

Hablando de malas interpretaciones, imaginemos por un breve momento las consecuencias de que cierto cuerpo científico, como la NASA o la Agencia Espacial Europea, hubiera dado pie para establecer una probabilidad de que en efecto el mundo terminaría.

La reasignación de recursos que hubiera tenido lugar para que grupos de personas, asociaciones y otros se prepararan sería de enormes magnitudes, para que, un día después, todos se avocaran a explicar por qué no pasó lo que pasó.

Algo por el estilo sucede con la política económica, en donde no es suficiente que la sociedad aprenda a trabajar en un ambiente de libertad, en donde los precios funcionan, el libre comercio fluye y el gobierno se limita a hacer su mínimo sino también es relevante el papel de garantizar la paz y la seguridad, dentro del Estado de Derecho.

Basta un discurso que toque algunas fibras de personas que se sienten marginadas, o tratadas de forma injusta, para que las preferencias se vuelquen.

Lo vimos en Europa, en la última década, lo que indica que a los amigos europeos no les dijo nada la experiencia de las décadas perdidas en América Latina y todo lo que la sociedad tuvo que sufrir para sobreponerse de las consecuencias del populismo.

Como decimos aquí, los mexicanos no cantamos mal las rancheras y tampoco aprendimos nada de nuestra propia experiencia en los 70 y 80 y también pecamos de malas interpretaciones con el aparente éxito del populismo europeo. Así de fácil, los estados comenzaron a eliminar la tenencia vehicular, que no porque sea buena haya que defenderla, que no lo es, pero no tuvimos ni hemos tenido el cuidado de cubrir el faltante con otra cosa que no sea excedentes petroleros. Se dieron aquí y allá pensiones a adultos mayores, los programas sociales se ampliaron hasta límites insospechados y, al parecer, así vamos a seguir.

No hemos tenido el cuidado de evaluar correctamente el resultado de estas medidas, y, cuando lo hagamos, posiblemente nos demos cuenta de que cometimos un error, o varios. Los ajustes que habrá que hacer tendrán consecuencias para la sociedad, de ésas que inmediatamente lanzan gente a la calle a protestar, con pancartas que seguramente satanizarán al liberalismo.

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