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Equidad impositiva
Lo imposible se descubre en lo imposible ,
Wong Li.
La equidad de los impuestos es exigida por la Constitución. Y, naturalmente, al cobrador y al pagador de esa carga tributaria -así se le llama- tal condición se les presenta como imposible de alcanzar. Primero, no es una condición meramente numérica, aunque se tengan que comparar cifras. Se supone que los diseñadores del instrumento fiscal ya lo hicieron con la máxima exactitud. Tal suposición es exigida por el principio de caridad o de reciprocidad en epistemología: cuando intercambies opiniones con otro debes pensar que, por lo menos, es tan inteligente como tú. La mayor parte de los debates terminan en nada, porque no se aplica dicho principio.
Algunos analistas, de manera suplementaria, se han dado a ese ejercicio aritmético en algunos puntos. Por ejemplo, el aumento de 30 a 32% del ISR a los que ganan más de 400 mil pesos anuales.
Están en ese caso un 10% de los causantes de ese impuesto, o sea, de los que declaran, o sea de los cautivos, alrededor de 2 millones y medio de contribuyentes. El problema radica, sin embargo, en que entre ese porcentaje se encuentran los que ganan 400 mil pesos y los que ganan varias veces más esa cantidad. La equidad, entonces, se queda volando. Y aquí empiezan las consideraciones individuales. Si trabaja más y por eso gana más, si se preparó más, si sus padres hicieron el sacrificio para darle una formación adecuada y, además, fue hijo único, etc. Argumentos también fundados en la equidad.
Segundo, la equidad fiscal no es un criterio esencialmente recaudatorio. Es la posición de la OCDE. ¡Aumenten la recaudación! Tercero, la equidad comprende algo más que el objetivo del gobierno de contar con más recursos para lograr unas finanzas públicas equilibradas.
Esas tres definiciones negativas de la equidad llevan a una positiva, claramente, de carácter intuitivo y cuantificable. La equidad fiscal se mide por la cooperación social. El axioma dice: cree en la gente, si paga impuestos, es que los considera equitativos. Lo que lleva a otro de mayor generalidad: pago impuestos porque el país progresa, lo que me beneficia a mí, a mis hijos y a todos. Un instrumento impositivo ha de articularse con los objetivos de un país bien ordenado (Rawls) y que progresa en el mediano plazo, el tiempo de una generación. Eso dice el manual.