En la actualidad México presenta un proceso de envejecimiento vertiginoso. Se calcula que en menos de 50 años la estructura poblacional de nuestro país corresponderá a la de un país envejecido; es decir, una proporción importante de su población tendrá 65 años o más. El descenso de la fecundidad y el aumento en la esperanza de vida han ocasionado este cambio en la estructura por edad y sexo de la población, y se presenta como uno de los rasgos más representativos del cambio demográfico actual.

En el libro Vejez y Pensiones en México, presentado por la Asociación Mexicana de Administradoras de Fondos para el Retiro, en colaboración con el Consejo Nacional de Población, el Instituto Nacional de Geriatría y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, se muestra un panorama general del proceso de envejecimiento en México.

De acuerdo con las Proyecciones de Población que elabora el Conapo, en el 2017 la población adulta mayor (65 años o más) asciende a poco más de 8 millones de personas, de las cuales 54.4% es mujer y 45.6% hombre. Además, se estima que para el 2050 esta población aumentará a 24.4 millones; en términos relativos, la proporción de este grupo etario crecerá de 7.2 a 16.2 por ciento.

Dicho fenómeno representará un fuerte impacto no sólo en la economía de las familias mexicanas, sino también a nivel social y macroeconómico, así como también en el tema de las pensiones. La población en edad de trabajar (15 a 64 años de edad) deberá sostener el peso de un numeroso conjunto de personas retiradas de la vida laboral.

Lo anterior, debido a que se presentarán cambios sociales importantes, tales como el aumento de hogares con personas adultas mayores, lo cual significa una mayor dependencia de estas últimas. Se calcula que la razón de dependencia de las personas mayores aumentará en el 2050 a 26 adultos mayores dependientes por cada 100 en edades laborales, lo que representa un desafío para la población joven debido a que la tendencia creciente perdurará.

Si no se modifican las políticas públicas y no se reforma el sistema de pensiones actual, la protección social y el monto de las pensiones podrían no cubrir por completo las demandas de la población adulta mayor. Por otro lado, de no presentarse un cambio en este contexto, la pobreza y las desigualdades en la vejez podrían aumentar. En un futuro próximo habrá cada vez más viejos que viven más años.

Desde esta perspectiva, es una tarea impostergable que para las actuales generaciones en edades laborales existan condiciones adecuadas para su inserción en el empleo formal, eliminando las situaciones que estimulan la informalidad e implementando políticas en materia de protección ante el desempleo y la vejez.

En concreto, robustecer el sistema de pensiones actual para mejorar no sólo los montos de las pensiones, sino también la cobertura que es un tema urgente que no se debe postergar más.

Para obtener mayor información sobre el sistema de pensiones visite la página de Internet:  www.amafore.org