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Opinión

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Entre la democracia y el autoritarismo

Sergio Mota Marín

Diversos estudios Internacionales han señalado que 70% de la población mundial vive en países con gobiernos autoritarios, lo que significa deterioro democrático.

Las perspectivas no son halagüeñas si en Estados Unidos, el país modelo de democracia liberal llega a gobernar de nuevo Trump. Sus alianzas serán con los gobiernos populistas, entre otros, Putin, integrando el populismo autoritario internacional.

A pesar de que Biden rechazó, desde que fue candidato en las pasadas elecciones, la construcción del muro éste se hará porque previamente estaba considerado presupuestalmente. Ello advierte la dependencia de los legisladores de grupos organizados con intereses muy específicos.

En Argentina hay indicios de que llegará como presidente el candidato Javier Milei, una combinación de Trump y Boris Johnson. O podría ganar Patricia Bullrich de centro derecha. Ante una inflación de 150%, pobreza en 40% de la población y más de 60% de los niños en esa situación, se trata de una condición estructural debido a la inestabilidad macroeconómica, la destrucción de empleos y la falta de inversión, además de la degradación de los bienes públicos como salud, educación y seguridad social. Es un país de nostalgias, bueno para la literatura pero pésimo para la razón. En medio, como decía Ernesto Sabato: “El tango, un pensamiento triste que se baila”

Otra aberración de proporciones absurdas es Venezuela, el país rico más pobre, que destaca por una inflación de 400% a julio de este año y una migración hacia México de 87,000 personas en este año, mismas que pretenden irse hacia Estados Unidos. Huyen de la dictadura, la inseguridad y la desesperación. Esta migración se enfrenta en su camino con la delincuencia organizada, retenes, extorsiones y xenofobia.

Ecuador, un país que hace 30 años era modelo de estabilidad, ahora es una zona de tráfico de drogas rampante, que asesinó recientemente a un candidato presidencial que amenazaba con militarizar el puerto de Guayaquil. Todos los caminos son facilitadores de la exportación de drogas. Ahí dos cárteles mexicanos, junto a socios locales, se disputan el control.

Colombia sigue siendo un país de una inseguridad enorme. Ahí se produce 70% de la cocaína que consume el mundo. Y el presidente Petro que llegó a la presidencia con éxito, ahora está señalado por su propio hijo de recibir apoyo del narcotráfico en su campaña electoral

Ante estos escenarios, la izquierda sólo ofrece que se supere la pobreza. Está bien, sin duda, pero mientras tanto la población tiene miedo, incredulidad y desesperanza.

Enrique Zuleta Puceiro, analista político y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, caracteriza así la situación: “En América Latina la experiencia demuestra que el entusiasmo por las promesas iniciales de revolución social, sucede casi sin solución de continuidad, la necesidad de acreditar y certificar la capacidad efectiva de llevarlas a cabo. A la lógica de las promesas, la cooperación y la legitimidad horizontal sucede, en un viaje sin etapas, la lógica de la emergencia, el encierro, las restricciones arbitrarias y la necesidad de una nueva legitimidad vertical, cada vez más difícil para instituciones desgastadas, que parecen haber agotado su capital inicial”.

smota@eleconomista.mx

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Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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