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Opinión

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Entre íconos y responsabilidades. ¿Hasta cuándo?

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Linda Atach Zaga

"La filosofía debe ser una especie de ojos de la sociedad",

Leopoldo Zea Aguilar, filósofo mexicano.

En la narrativa de las naciones existen íconos, en muchos casos manifiestos políticos, leyes o construcciones de piedra y sentido, que nos ayudan a comprender la formación de la identidad. Como si se tratara de un segunda piel que cohesiona la colectividad, la identidad se edifica en una base de creencias comunes que se refuerzan en pactos y rituales, pero también en los desacuerdos que propician el debate y la controversia.

Si hoy tuvieramos la oportunidad de elegir el símbolo más significativo en nuestro país, muchos optarían por la Vírgen de Guadalupe, otros por el águila devorando una serpiente, la Independencia o la Reforma. Quizá un grupo pequeño se decidiría por la lucha revolucionaria y otro más nutrido por el movimiento de regeneración nacional. 

Sin dudarlo, yo votaría por la Universidad Nacional Autónoma de México y lo haría por que creo firmemente que el conocimiento determina el destino de los países y que nuestra universidad seguirá guiándonos mientras los mexicanos continuemos siendo quienes somos.

Heredera de la Real y Pontificia Universidad de México fundada en 1551 -que distinguía a la Nueva España como el sitio de mayor saber en el continente americano-, la Universidad Nacional se fundó poco tiempo antes de la renuncia de Porfirio Díaz y adquirió la autonomía en 1929, congregando a las escuelas de Medicina, Minería, Jurisprudencia, la Nacional Preparatoria y la de Altos Estudios.

Estas escuelas, que más tarde pasaron a ser las facultades del proyecto de integración plástica en el que participaron Mario Pani, Enrique del Moral, el joven Ramírez Vázquez, Siqueiros,  O´Gorman y Rivera, se enriquecieron con la preparación que llegaba del exilio español hasta volverse puntos angulares para el desarrollo de la ciencia y la cultura. 

Una de las más célebres es la Facultad de Filosofía y Letras. No sé si esto obedezca al grado de conocimiento que en ella se maneja o al cuestionamiento obligado que implica la formación del filósofo, lo cierto es que sus pasillos son espacios naturales para la denuncia y las ideas.

En esa lógica sólo me queda preguntar: ¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo mutan la UNAM y la iluminada Facultad de Filosofía y Letras de José Gaos, Juan Antonio Ortega y Medina, Ramón Xirau y sus aportaciones sobre Bergson y Adolfo Sánchez Vázquez y sus estudios marxistas a las violentas amenazas que desde hace unos días exigen la libertad de Jorge Emilio Esquivel Muñoz alias “el Yorch”?

Si bien la toma del Auditorio Justo Sierra -Che Guevara-, respondió a los desacuerdos que siguieron a huelga del año 2000, la violencia que se vive desde hace varios años en los estacionamientos que circundan esta  facultad y otras más, no pueden justificarse como rebeldía estudiantil, pues no tienen nada que ver con la búsqueda del Consejo Nacional de Huelga y sus demandas por la libertad de los presos políticos y la derogación del delito de disolución social. 

Es triste decirlo, pero las agrupaciones de hoy son muy lejanas a las que conmemoraban el aniversario de la Revolución cubana y se sumaban a los intereses de los movimientos estudiantiles del mundo.  Los jóvenes de los sesenta condenaban toda forma de represión y los intentos del gobierno por violar la autonomía universitaria e incidir en la susesión presidencial.  Esto explica que el mismo Rector Barros Sierra colocara la bandera universitaria a media asta en señal de protesta y se adhiriera al sentir de los inconformes encabezando la marcha del silencio. 

Lo que hoy sucede no es solo responsabilidad de los grupos que ocupan el auditorio y a quienes se ha responsabilizado de intimidación y narco menudeo. El descuido de la UNAM es reflejo de la extrema violencia que vive el país y nos lastima con eventos tan dolorosos como el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio y tantas manifestaciones de violencia de género.

Sería muy útil que, antes de minimizar lo que pasa en la universidad, nuestros dirigentes recuerden su historia y su lugar en nuestra nación, el goya universitario y que desde 2017 la UNESCO la incluyó en la lista del patrimonio cultural de la humanidad.

Ya es tiempo de que las autoridades velen por su integridad y la seguridad de sus alumnos y vistantes.

Merecemos caminar con libertad y gozar de las maravillas que ofrece. Al final, la UNAM es de todos. 

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Linda Atach Zaga

Linda Atach Zaga es historiadora de arte, artista y curadora mexicana. Desde 2010 es directora del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.

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