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Encuestas y Brexit
El jueves pasado Gran Bretaña abrió a consulta la decisión de permanecer o salir de la Unión Europea. El llamado Brexit, una especie de acrónimo que mezcla la palabra salida (exit en inglés) con las primeras letras que identifican al país que realizó el referéndum, tuvo sus predicciones demoscópicas como es común en cualquier proceso electivo del mundo, y ahí pudimos ver, igual que en México, cómo las encuestas tuvieron fallas notables, en algunos casos con los márgenes de error similares que acabamos de discutir por las contiendas celebradas en territorio nacional, aunque con un contexto distinto por el terrorismo y el miedo a fronteras libres presente en Europa y tristemente en la retórica norteamericana de Donald Trump.
Acorde al diario El País, la firma Populus indicaba apenas dos días antes de abrir la urnas en Gran Bretaña que 55% de la población optaría por la permanencia (remain) de los ingleses en la comunidad europea y 45% por separarse (leave), pero los resultados oficiales, al momento de escribir estas líneas, son al revés y han sido declarados irreversibles. Ganará la opción leave al menos por 4 puntos porcentuales y no remain, como auguraban las encuestas.
No fue único el error en la proyección claramente alejada del resultado final. Un día antes la encuesta de Evening Standard decía también que la opción de permanecer ganaría 52 a 48 y el día de la elección la cuenta de Twitter de El País aludía a encuestas a boca de urna (el equivalente a lo que acá llamamos encuestas de salida) que darían el triunfo a permanecer en la UE con 52 por ciento. Tampoco fue así e incluso comenzó a citarse a las casas de apuestas como fuente que apuntaba al rechazo a continuar en la UE durante el flujo de los conteos.
Será trabajo de los especialistas analizar qué pasó con las mediciones en el histórico ejercicio británico que tuvo un final inesperado y cuyas consecuencias se harán presentes en los próximos días y años.
Lo cierto es que las encuestas no pueden suplir referentes institucionales de información porque se corren riesgos de confusión e incertidumbre.
En las horas posteriores a las jornadas electorales es normal que si el modelo implica papeletas físicas, no haya información completa inmediatamente, pero sí es viable que instrumentos como los conteos rápidos con muestras robustas generen datos preliminares con solvencia científica y ello no significa que las encuestas privadas fallen por manipulación o sesgos deliberados.
Mientras que en México las encuestas de salida de los comicios presidenciales del 2012 no estuvieron tan lejanas de las cifras oficiales definitivas, las previas a esa jornada sí desbordaron los márgenes de error dando hasta 20 puntos de una ventaja que en realidad sería 7 (que son muchos, pero 13 menos de lo previsto).
En comicios cerrados un cálculo equivocado por 13 puntos como fuente de información masiva puede significar enorme incertidumbre. En el 2016 no en todos los casos, pero sí en muchos, fueron completamente equivocadas tanto encuestas previas como las que se levantaron a boca de urna. Dieron ganadores y márgenes falsos.
Dos casos emblemáticos fueron los de Durango, en donde la encuesta de salida de una empresa con prestigio afirmó que había empate con ligera ventaja para el PRI y quien ganó fue la alianza del PAN por 4 puntos, o Tamaulipas, en donde dos encuestas de salida difundidas por medios aseguraban que había un empate y el candidato del PAN venció por 15 puntos de diferencia.
Las empresas responsables dicen que casos como el de Tamaulipas podría explicarse por la inseguridad y la falta de confianza de un encuestado a decir la verdad sobre el sentido de su voto.
No creo que desacreditar o satanizar a las encuestadoras sea la solución al fenómeno de explicables o sospechosos errores. El Brexit nos recuerda que la disonancia entre encuestas y resultados oficiales es un fenómeno mundial y no sólo de México, pero eso no justifica ignorar efectos negativos o dejar de impulsar que sean metodologías más sólidas las que se apliquen y que existan adicionalmente, sin afectar la libertad de encuestadores, referentes de resultados preliminares oficiales. Una vía de certeza probada, en tanto se terminan las sumas voto a voto, es la de estandarizar conteos rápidos y convertirlos en esa herramienta referencial que llene los vacíos de información.