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En una orgía de geeks
Soy el P-142 y ésta es mi anécdota.
Escuché una vez decir que la Campus Party, ese campamento de tecnología en el que se reúnen los amantes de las computadoras, la ciencia y el Internet por una semana, parecía por las noches una orgía de geeks decidí comprobarlo por cuenta propia.
Tuve que pasar por un proceso largo para ser acreditada al campamento, pues son muy pocos los periodistas que se quedan por las noches.
Nadie se anima a dormirse en el piso cuando tienen su casa y su cama a unos minutos de aquí , me explicaron.
Al llegar a la zona de camping encontré una especie de retén.
Es un evento tan grande que todo tiene que estar sumamante organizado , me volvieron a decir.
Un joven sentado en una pequeña mesa, frente a los planos del área de acampado, es quien tiene el poder. Tras analizar un poco su mapa me otorga una clave numérica, la P-142 , el número de tienda de campaña que me ha sido asignado. Me acompañan a la coordenada señalada y me desean suerte apenas son las 9 de la noche.
Obviamente nadie tiene ganas de dormir aún. Pareciera incluso como si el día y la noche fueran la misma cosa: como se trata de un gran espacio cerrado y ultra grande Expo Santa Fé, en la Ciudad de México--, no hay forma de saber qué pasa en el exterior, y en términos prácticos, a nadie parece importarle. Quizás por ello, también algunos le dicen a este evento Las Vegas de los Geeks .
Afuera del camping siguen las actividades. Hay todavía algunos talleres técnicos después de las 10 de la noche, y en el escenario principal, el creador de la música para videojuegos Akira Yamaoaka, hace un pequeño concierto de sus mejores canciones, que todos los asistentes parecen conocer a la perfección.
A las 12 de la noche, la mayoría sigue en su computadora haciendo todo tipo de actividades: en una esquina unos organizan un mini torneo de videojuegos, en otra área se emprende una discusión filosófica de cómo resolver la programación de una herramienta, más allá, un grupo de bohemios canta a grito pelado canciones rancheras y aunque la mayoría oscila en los 20 años, no, nadie está tomando, ligando o preocupado por su apariencia.
Sí, aquí hay geeks.
Pese a los trasnochadores, sí hay quienes ya en piyama y pantuflas de peluche, se disponen a dormir:
Mañana me levanto a las tres de la mañana a terminar un programa , me dice uno, justificando su apariencia.
Se calcula que son alrededor de 3,500 casas de campaña, todas ellas minúsculas, colocadas una a lado de la otra, en una formación perfecta. Una chica, no mayor a 20 años, me dice:
¿Se parece a un campo de concentración, ¿no? ... Me alegró nunca haber estado en uno para confirmar su impresión.
¿Mujeres? Sí las hay, pero son pocas. El año pasado, Telefónica el organizador de este campamento aseguró que de los 6,000 asistentes, quizás sólo 4,500 fueron mujeres. Se planeaba incluso, que este año, el área de camping estuviera dividida por género para darle mayor comodidad a la minoría femenina, pero no sucedió así.
Aún así, las ventajas parecen óptimas: no hay que hacer fila en los baños o regaderas, todas parecen solidarias a prestarte algo o ayudarte y ninguna parece sentirse presionada por lucir glamorosa, aunque sin excepción, la mayoría llega a los baños con alaciadora y secadora de cabello, plancha de ropa y toda clase de cosméticos.
Como por ahí de las 3 de la mañana, llega el toque de queda. Se apagan las luces y todos parecen caer rendidos. Unos cuantos siguen jugando cartas afuera de sus tiendas, platicando, cenando todos han llegado preparados con maletas completas de despensa, lámparas de mano para seguir cuando se apagan las luces y toda clase de artefactos de campamento y sí, los que aún nos quedamos despiertos, nos vemos obligados a platicar al compás de una sinfónica de ronquidos y sonidos diversos.
Pocas horas después, a las 6 de la mañana, inicia otra orquesta: decenas de despertadores y celulares, que prácticamente nadie atiende, y unos cuantos madrugadores, que aún a oscuras, se dirigen a las regaderas, que están instaladas justo en el centro del camping.
Una chica me advirtió bañarme por la noche, pues en la mañana el agua podría estar helada y habría que vestirse casi a oscuras las luces se prenden hasta las 8 pero no hice caso confirmé que tenía razón.
Efectivamente, a las 8 de la mañana la vida empieza a volver al campamento. Con música instrumental de La Guerra de las Galaxias y de otras películas de ciencia ficción (que se escucha en todo el lugar), muchos empiezan a salir de sus tiendas de campaña.
Los que decidieron dormir en el área de trabajo, acurrucados en algún sillón o en el piso, cerca de sus computadoras (que son bastantes) también van despertando. Otros, simplemente apenas se van a dormir, tras más de 30 horas de estar creando algo en sus computadoras o quedarse descargando películas y canciones.
Dicen que antes de morir, uno debe de leer un libro, plantar un árbol y escribir un libro. Quizás a la lista podríamos incluir el acampar y dormir en el suelo, como no hacía desde hace más de 15 años además de las posibilidades de que se reacomode la espalda, regresará a casa, como yo, valorando su cama más que nunca .