El proyecto de 100 universidades del gobierno es un misterio

Bastaría con admitir los pobres resultados de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que impulsó siendo jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, para que Andrés Manuel López Obrador no reincidiera y menos con la extravagante idea de 100 nuevas universidades en todo el país. Un especialista en administración de la educación advertiría que en un sexenio si acaso se puede pensar en abrir unas cuantas, quizás una decena y ya sería un proyecto ambicioso, claro si hablamos de universidades con todas las de la ley.

Dicho por quienes saben, México tiene más o menos resuelto el tema de cobertura, realmente no se necesitan nuevas opciones, en todo caso es indispensable una revisión tendiente a transformar la educación media superior, tecnológica y superior, con una visión local, que tome en consideración las necesidades y el vocacionamiento de las regiones; de esa manera, se resolverían muchos problemas, se atenderían necesidades reales y los egresados podrían aspirar a mejores condiciones de vida.

Hasta el momento, el proyecto de las 100 universidades del gobierno en turno es todo un misterio y lo poco que se conoce da para sospechar de los avances que presumen sus encargados, porque la educación no se puede planear y menos ejecutar en unos cuantos meses.

Se necesita un trabajo serio de geolocalización, planeación para determinar las necesidades y la oferta educativa, un diagnóstico serio y profesional; luego viene una larga cadena de requisitos: personal académico, administrativo, instalaciones adecuadas, laboratorios, áreas sociales y deportivas, biblioteca, centro de sistemas, equipo y programas de cómputo, seguridad, transporte y muchos elementos más.

En México tenemos un supuesto: que para triunfar hay que cursar una carrera universitaria, nada más alejado de la verdad, la universidad no debe ser masiva, debe ser exclusiva para quienes tienen la preparación, el interés, la dedicación y el perfil acorde a la especialidad que estudian.

Sí, debe de haber una oferta más amplia desde los centros tecnológicos donde puedan encontrar opciones de vida los jóvenes que quieren incursionar en oficios y profesiones para las que se necesitan habilidades técnicas.

Por ejemplo, hay quienes quieren hacer carrera en el campo de la salud, no todos deben ser médicos, hay una gama amplísima de especialidades como enfermería, laboratorios clínicos, técnicos dentales, optometristas, terapeutas y muchas alternativas más y el caso se replica en otros ámbitos de la educación.

Cada año es penoso ver la decepción de miles de jóvenes que no logran ingresar al bachillerato, con lo cual sus familias se ven obligadas a inscribirlos en escuelas particulares, a pesar de no contar con los recursos necesarios; cuando esos jóvenes podrían encontrar carreras técnicas de su agrado, acordes a sus capacidades y con una mejor promesa de futuro.

No todo mundo puede ser licenciado, ya somos muchos. México no necesita tantos administrativos, comunicadores, psicólogos, abogados y otros tantos egresados de las carreras de las ciencias sociales, eso sólo sirve para hacer de las universidades un lucrativo negocio a costa de la ilusión de estudiantes que descubren muy tarde que fueron engañados.

Cien universidades nuevas es una ocurrencia que le va a costar mucho al país, no es la respuesta para miles de jóvenes que por esa vía sólo seguirán engrosando las filas de los llamados ninis.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.