La edición de ayer señaló que la degradación medioambiental y la pobreza presentan situaciones de alarma a nivel mundial, lo que demanda acciones para contrarrestar ambos fenómenos, que conlleven condiciones de vida mejores y más estables para la población

En este sentido, se abordó el concepto de empleo verde como una vía para reducir el impacto negativo de las actividades productivas y económicas en el medio ambiente; asimismo, como una herramienta para brindar oportunidades de empleo en condiciones adecuadas que incluyan seguridad social, en particular, en el medio rural. En la presente edición se describe de forma general lo que pueden hacer los productores y empresas agroalimentarias para movilizarse hacia los empleos verdes.

La participación de los actores del sector rural en el empleo verde cuenta con un espacio de actuación amplio que no se limita a la producción de bienes o servicios directamente relacionados con el medio ambiente. Esto quiere decir que, si los productores y empresas rurales desarrollan procesos de producción y brindan empleos tradicionales, en principio, podrían incorporar acciones individuales que aminoren las repercusiones de éstos en el medioambiente.

Por ejemplo, el uso más eficiente del agua mediante sistemas de riego, el reciclaje de materiales o la utilización de energías limpias en lugar de las no renovables. Además, las acciones verdes pueden ser más integrales, como la producción sostenible de alimentos que involucre mano de obra intensiva, con potencial para elevar la productividad y los ingresos en las zonas rurales.

Éste es el caso de la agricultura orgánica y la agricultura de conservación, ambas promovidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) que, como parte de sus acciones, desarrolla políticas, conocimientos y estrategias para impulsar los empleos verdes en el sector agropecuario.

A la par, los productores y empresas rurales deben considerar el empleo decente. Esto quiere decir que, si no brindan condiciones de protección social a sus empleados, podrían comenzar por ofrecer las señaladas en la legislación nacional y, eventualmente, considerar beneficios adicionales.

El nivel de participación en ambos sentidos, ambiental y laboral, define el grado de verde que se alcanza, pues según el Programa de Empleos Verdes que lidera la Organización Internacional del Trabajo, se presentan matices en el color verde de acuerdo con las medidas implementadas. Así, un tono oscuro significa un involucramiento mayor que uno claro. No obstante, destaca que todos los niveles de participación aportan al desarrollo sostenible, por lo que es importante iniciar y, eventualmente, consolidar actividades en las unidades de producción para generar los empleos verdes.

En suma, es urgente retribuir al medio ambiente y a la sociedad por el daño derivado de la sobreexplotación de los recursos naturales y la prevalencia de la pobreza. Los empleos verdes son una oportunidad para hacerlo y para que el sector rural goce de mayor bienestar.

*Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas.  La opinión es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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