Por esta razón, el sector rural es uno de los más afectados por la situación de degradación medioambiental que se vive hoy en día, lo que se acentúa si se considera que los empleos agroalimentarios, sobre todo en países en desarrollo, suelen ser informales, estacionales, de baja remuneración y sin acceso a seguridad social.

Lo anterior es muy relevante. El Banco Mundial (BM) señaló en el 2015 que, de no adoptarse medidas urgentes, únicamente el cambio climático podría adicionar 100 millones de personas más a la pobreza a nivel global para el 2030 (en ese año 836 millones de personas vivían con menos de 1.25 dólares al día, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Además, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la proporción de población pobre en el sector rural de la región pasó de 46.7% en el 2014 a 48.6% en el 2016.

Ante la degradación medioambiental y pobreza actuales, naciones de todo el mundo incorporan medidas para avanzar hacia economías cada vez más verdes que impulsen el desarrollo sostenible; como la adopción, en el 2015, de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible para erradicar la pobreza y alcanzar el crecimiento económico a la vez que se protege el planeta, o el Acuerdo de París, cuya finalidad es frenar el aumento de la temperatura mundial.

En este sentido, los empleos verdes constituyen una herramienta para reducir los efectos negativos en el medio ambiente de las actividades productivas, al mismo tiempo que contribuyen al desarrollo económico con un enfoque de inclusión social. Según la Organización Internacional del Trabajo, los empleos verdes se caracterizan por contribuir a la conservación, restauración y mejora de la calidad del medioambiente en cualquier sector económico: agricultura, industria, administración y servicios. Asimismo, los empleos verdes van más allá del ámbito medioambiental, porque también deben ser trabajos decentes, es decir, otorgar bienestar en el trabajo mediante condiciones de protección social de los trabajadores y sus familias, un entorno seguro, oportunidades de crecimiento, trato justo, entre otras.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), estima que la transición del sector agrícola hacia prácticas más sostenibles generará más de 200 millones de empleos de tiempo completo para el año 2050.

De este modo, los empleos verdes abren una oportunidad para la transformación laboral rural; no obstante, implican una participación coordinada y activa de los gobiernos, las instituciones y los actores que se desempeñan en las áreas rurales. En la siguiente edición se describirán algunas orientaciones para que los productores y las empresas, específicamente, incorporen la visión verde en su quehacer diario.

*Xóchitl Gil Camacho. Especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas. La opinión es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

[email protected]