Los eventos de la semana pasada en torno a la presentación del Paquete Económico 2021 me recordaron el libro que David Stockman publicó en 1986 y escandalizó a la clase política estadounidense: The Triumph of Politics: Why the Reagan Revolution Failed.  Stockman, quien a los 35 años fue Director de la Oficina de Presupuesto y Administración de la Casa Blanca, nos cuenta detalles sobre los errores de cálculo, choques frontales, manipulaciones secretas y contubernios que condujeron al fracaso de la revolución reaganiana, produciendo un enorme déficit en lugar del presupuesto equilibrado que el presidente había prometido en la elección de 1984.

La revolución de Reagan empezó en 1980 con una agenda de reformas económicas, recortes de impuestos y drásticas reducciones en el gasto público y los programas del gobierno, dejando intactos los gastos militares. Esa estrategia tropezó con dificultades cada vez mayores. Miembros del propio gabinete de Reagan y del Congreso, favorables en principio a la reducción del gasto, empezaron a desertar cuando las medidas propuestas chocaron con las demandas de su propio electorado. Stockman tuvo que aceptar la realidad de que sus teorías, convincentes en el papel, se fundaban en un profundo error de valoración del funcionamiento del sistema político de su país.

Es un libro que cuenta la historia de los “malos” contra los “buenos”, de “ellos” contra “nosotros”. Stockman escribió que la ignorancia de Ronald Reagan y la incompetencia de sus más cercanos colaboradores, crearon un sueño irrealizable. La política triunfó sobre la realidad, que no se modificó. Calificó de “analfabetos políticos” a los asesores de Reagan porque sólo estaban preocupados de lo que se decía en los noticieros de televisión, que era su única realidad. Describe a Reagan como poseedor de un conocimiento fundamentalmente impresionista, que registra anécdotas más que conceptos y que fue engañado por él mismo y por los “supply-siders” que le decían que un recorte monumental de impuestos y del gasto público liberaría las fuerzas económicas y provocaría automáticamente mayores ingresos y un mayor crecimiento.

Stockman decía: “el Presidente nunca comprendió la relación entre el sistema fiscal y el presupuesto. ¿Qué se puede hacer cuando tu presidente ignora todos los datos relevantes y deambula en círculos?  Reagan era un político de consensos y no un ideólogo. No estaba preparado ni quería hacer una revolución. Sólo tenía una visión conservadora”.

¿Algo de esa historia nos suena conocido hoy aquí? 

En el México del 2020 parecería que lo único que importa es la política. Para el presidente de la República, gobernar es comunicar y comunicar es gobernar. Pero la semana pasada nos recordó que presupuestar es también gobernar. Y Arturo Herrera, el Secretario de Hacienda, lo sabe. Presentó con el Paquete Económico 2021 todo un acto de magia.

En otra etapa de mi carrera, fui Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, Secretario General de Gobierno de mi estado y Diputado Federal. Conozco lo que significa elaborar un presupuesto, presentarlo ante el Congreso y defenderlo. Y no tengo la menor duda de que el presupuesto es el instrumento político por excelencia. 

Hay quienes, equivocadamente, dicen que el presupuesto es exclusivamente técnico y que el análisis y las comparaciones deben estar basadas sólo en la eficiencia y la efectividad. Hacen mal quienes ven a la política como un intruso que hace que el proceso sea menos racional. Eso sólo lleva a un choque inútil entre técnicos y políticos.

La verdad es que siempre hay una intensa negociación entre los actores: analistas, tomadores de decisiones, secretarios de estado, directores de organismos, gobernadores, alcaldes, legisladores. Todos tienen que ganar algo en el proceso. 

El Presidente cumplió su compromiso de no aumentar impuestos durante sus primeros tres años; se apegó al principio de la austeridad y nos presenta un panorama macroeconómico prudente, buscando la estabilidad y el equilibrio fiscal. Según el Secretario de Hacienda, las proyecciones del Paquete Económico 2021 no son optimistas, sino responsables. Y tiene razón, si se piensa que habrá una caída de 8% y sobre ello un crecimiento de 4.6%, ni siquiera nos pone en los niveles de crecimiento del 2019. Herrera dice que lo que va a ir condicionando la recuperación económica es el ritmo de la pandemia del Covid-19 y, mientras no exista la vacuna, la economía seguirá operando en condiciones inusuales.

Un presupuesto vincula las tareas que se tienen que cumplir con la cantidad de recursos que se requieren para lograr esos objetivos. El presupuesto es un conjunto de decisiones. Ahí se plasma lo que el gobierno quiere y lo que no va a hacer. El presupuesto debería reflejar el consenso de la gente sobre lo que el gobierno debe hacer, pero parece que, para eso, no hay consultas al pueblo sabio.

Por ejemplo, ¿es justo dedicar el 22% del gasto programable a “fortalecimiento energético” mientras que el sector privado podría invertir en ello? ¿Es suficiente el 5.4% que se invertirá en salud? ¿No debería el gobierno mejor apoyar a las micro y pequeñas empresas para preservar el empleo y evitar que una crisis de liquidez se convierta en una de solvencia? ¿Por qué se dedican más recursos a los programas sociales de bienestar y se mantiene el mismo nivel de antes para educación o para los apoyos al campo y a las empresas? 

Cuando el Secretario de Hacienda habla de que el 80% del presupuesto son gastos obligatorios, ya comprometidos ¿no se tendría que hablar también de una obligación del gobierno de implementarlo bien y sin interrupción? ¿Debería replantearse la fórmula para la distribución de recursos a los estados? Cuando hablamos de un billón 867,000 millones de pesos que se entregará a estados y municipios, y que representan el 29.7% del gasto total y el 55% de la recaudación federal participable, ¿eso es mucho o poco? 

El presupuesto es un instrumento que refleja las prioridades del gobierno. Es un proceso de negociación y mediación entre individuos que quieren cosas diferentes. El debate en el Congreso y las modificaciones reflejarán el grado de importancia que los Diputados le dan a sus estados, electores y a los grupos de interés que los apoyan. La publicación del presupuesto será el reflejo de la obligación de rendir cuentas a los ciudadanos que quieren saber cómo se va a gastar “su dinero”. El presupuesto es un vínculo entre las preferencias de los ciudadanos y los resultados del gobierno. Es un gran instrumento de la democracia… ¡o debería serlo!

El presupuesto es un espejo del poder y de la lucha entre grupos de interés, partidos políticos, gobernadores y alcaldes. Refleja las decisiones de políticas públicas más importantes para una nación. Por ello se necesita un proceso de decisión ordenado. Se requiere que sea escuchado todo aquél que tiene un interés legítimo en un tema. Se deben analizar opciones, alternativas. Separar lo indispensable de lo deseable. Hay muchos participantes, con prioridades diferentes. Hay muchas limitantes y restricciones. Hay ganadores y perdedores. 

A México no le basta con que triunfe la política. La gente debe ganar. No todo es presupuesto. Hacen falta decisiones esenciales del gobierno: 1. Dado que el presupuesto no contiene programas específicos para la recuperación económica, será fundamental dinamizar y estimular la inversión privada. Sólo con inversión privada, se podrán recuperar los empleos perdidos e incrementar el consumo. 2. Requerimos un ambiente de negocios que promueva la inversión, con certeza jurídica y reglas claras que no se cambien constantemente. Para que la economía prospere, necesitamos respeto irrestricto al Estado de Derecho. 3. Es indispensable una verdadera simplificación administrativa y fuentes de financiamiento accesibles para las pequeñas y medianas empresas, que son las mayores generadoras de empleos. 4. Urge incentivar la formalidad. Necesitamos que cada vez más empresas e individuos se sumen al financiamiento del erario público, y a la vez obtengan los beneficios de seguridad social y cobertura de salud que brinda la formalidad, y que son más necesarios que nunca. 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

Twitter: @javier_trevino

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