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El terrorismo en México sí existe, pero lo nubla el nacionalismo
El terrorismo es un tipo de respuesta que articula un grupo de criminales en contra del Estado a través del miedo y la muerte.
Lo que detonó el operativo en contra del narcotraficante Ovidio Guzmán en Culiacán el pasado 17 de octubre representa con claridad el terrorismo: robar camiones para quemarlos, bloquear avenidas, intimidar a familiares de militares, disparar, horrorizar el entorno. Sí, es terrorismo.
Amenazar a dueños de restaurantes o tiendas comerciales a través del llamado derecho de piso es terrorismo, porque se atenta en contra del estado de derecho y, por su puesto, contra la vida de personas.
El entorno de México en los últimos 13 años se asimila a uno bélico en el que han perdido la vida 30,000 personas. No es una guerra civil como la siria, pero sí es terrorismo.
La misión terrorista del Estado Islámico, Hamás y ETA es la instauración de un Estado propio; el primero de ellos lo ha intentado instaurar entre Irak y Siria, el segundo, en Palestina. Por fortuna, los etarras han disuelto la célula cuyo objetivo fundacional fue lograr la independencia de Euskal Herria de España y Francia. Los cárteles del narcotráfico conquistan territorios, arrasando con el Estado o a través de alianzas perversas con autoridades del propio Estado.
Los rasgos del terrorismo son étnicos, separatistas religiosos y de ideología política. Sí, hay que agregar el económico. Los cárteles de la droga se hacen de territorios por interés económico.
Francois Mitterrand definió el nacionalismo como la guerra. No se equivocó. En México, la vecindad con Estado Unidos le ha nublado los ojos a la clase política y a segmentos variopintos de la sociedad gracias a su rasgo patriotero.
Estados Unidos ha enviado dos mensajes muy claros al gobierno del presidente López Obrador. El embajador estadounidense Christopher Landau, comentó el viernes 15 de noviembre en el Tec de Monterrey que el narcotráfico tiene gobiernos paralelos en varias partes del país. “Esto no puede ser. El territorio donde (los narcos) tienen ese poder continúa expandiéndose a través de la República”.
Unos días antes, el 23 de octubre, el subsecretario mexicano de Relaciones Exteriores para América del Norte, Jesús Seade, reveló que EU enviaría a un funcionario a su embajada en México para convertirse en enlace de temas de seguridad con el gobierno del presidente López Obrador. Mensaje que pasó inadvertido por medios de comunicación, pero que, al traducir la decisión, el mensaje es claro: Estados Unidos ve desorden en la aplicación de la estrategia de seguridad del gobierno mexicano.
La reacción del presidente López Obrador y de su canciller Marcelo Ebrard frente a lo ocurrido en Culiacán y a la familia LeBarón ha sido minimalista, trémula y desordenada. En sus interacciones con la prensa, ha surgido el tema de la soberanía, palabra con un elevado componente de popularidad, pero con nulo sentido de responsabilidad frente a la realidad.
En una charla que tuve con Ana María Salazar, quien ha tenido experiencia laboral en el Pentágono, me comenta que ve difícil que Estados Unidos catalogue a los cárteles de la droga mexicanos como terroristas. Ana María tiene una lectura política, las elecciones del 2020.
Si EU considera a los cárteles como terroristas el impacto los entornos de Hezbolá o el Estado Islámico; simplemente por la vecindad entre México y EU, la cooperación entre ambos países desaparecería.
Lo mejor sería que AMLO y Ebrard asimilen sus discursos a la realidad, es decir, sin mirar a la grada que aplaude a los niños héroes que defienden la soberanía.
AMLO ha despreciado la política exterior y el costo ya es elevado. Vivir sin el mundo es irreal en el siglo XXI.

