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El territorio: enmendar a la Revolución Mexicana
El Estado en México perdió prácticamente todo su patrimonio territorial durante la reforma agraria. Es una anomalía: es un estado sin tierra, con una economía rural poco productiva y una población muy pobre y relativamente muy numerosa, además de dispersa, asentada en propiedades colectivas de gran fragilidad ecológica, y en el escenario de una extensa deforestación. Como ejemplo contrastante, Estados Unidos distribuyó la tierra para crear una pujante economía rural basada en la propiedad privada individual, resguardando en propiedad pública casi la tercera parte de su territorio en forma de parques y bosques nacionales. hoy en día, éstos representan una economía de más de 132,000 millones de dólares anuales en inversiones y gasto en equipamiento y servicios para una dinámica actividad turística que genera miles de empleos y promueve el desarrollo de muchísimas empresas locales.
En México, 55% de la tierra es propiedad privada de ejidos y comunidades (incluyendo las parcelas ejidales entregadas en dominio pleno como propiedad individual a partir de las reformas de 1992), 35% es propiedad privada individual, 8% es urbana, y el resto (1-2%) son terrenos nacionales residuales del reparto agrario.
Incluso los parques nacionales creados por Miguel Ángel de Quevedo fueron repartidos como propiedad ejidal, titulados, o entregados como propiedades privadas comunales. Una abrumadora proporción territorial de nuestras áreas naturales protegidas decretadas en décadas recientes se ha tenido que establecer sobre propiedades privadas (ejidal, comunal, individual), dada la virtual extinción de los terrenos nacionales, de manera contingente a los intereses (legítimos o no) de sus propietarios.
Casi no existen en México parques nacionales o ANP eminentemente públicas, que garanticen a perpetuidad la conservación de especies y ecosistemas emblemáticos y de sus servicios ambientales, así como de valores escénicos y paisajísticos trascendentes, consustanciales a la nación, tampoco que ofrezcan oportunidades de recreación y turismo para todos (nacionales y extranjeros) en espacios patrimoniales inherentemente públicos como ocurre en los países civilizados. En Estados Unidos, Canadá, Chile, Costa Rica, Panamá, países europeos, etcétera, los parques nacionales y otras ANP son posesión inalienable del Estado, pertenecen a toda la sociedad, y son elementos existenciales de identidad y cohesión social. Aquí, el Izta-Popo, el Nevado de Toluca, la Malinche, el Pico de Orizaba, la Selva Lacandona, Palenque, Chacahua, el Nevado de Colima, la Reserva de la Mariposa Monarca, y casi todo lo demás, es propiedad privada (ejidal, comunal, individual).
Es esencial recuperar la soberanía del Estado en materia de gestión del territorio nacional, subsanando las omisiones y excesos incurridos en el proceso de la reforma agraria. Es preciso rehacer un acervo de tierras públicas prioritarias; conservar a perpetuidad especies, ecosistemas y bienes públicos ecológicos, paisajísticos y recreativos; recuperar para la sociedad un patrimonio territorial estratégico; ofrecer a la ciudadanía espacios naturales para el disfrute pleno de la naturaleza; crear ciudadanía a través del conocimiento y disfrute del patrimonio público, y fortalecer la identidad y cohesión nacionales; alentar oportunidades de desarrollo de empresas locales, empleo e ingreso a las poblaciones aledañas; y promover la investigación científica por las universidades públicas y privadas en un contexto de seguridad y certeza jurídica plenas. Se trata también de fincar bases sólidas para políticas de gestión territorial a partir de áreas bajo propiedad pública, que funcionen como focos que irradien orden y manifiesten con claridad la presencia del Estado, condiciones más sólidas de gobernabilidad, y la vigencia del Estado de Derecho.
Hoy, estos intereses públicos son sólo subsidiarios a los intereses privados de los propietarios de las Áreas Naturales Protegidas. Se trataría de resolver ese conflicto, y enmendar una gravísima omisión histórica de la Revolución Mexicana.