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El súper peso versión 2011
Después de un largo período de debilidad, el peso mexicano se ha fortalecido de manera considerable durante los últimos siete meses. El peso comenzó su tendencia positiva en septiembre del 2010, cuando la paridad contra el dólar se encontraba en 13.25.
En aquel entonces, el peso se apreció 6.5% en tan sólo dos meses, con la paridad llegando a 12.18. Por aquellas fechas, el 11 noviembre del 2010 para ser precisos, publicamos una columna titulada El peso podría apreciarse más , donde mencionamos que la paridad peso/dólar podría romper la barrera de los 12 pesos por primera vez desde septiembre del 2008. En aquel momento, argumentamos que la decisión de la Fed de implementar una segunda ronda de inyecciones de liquidez masivas al mercado en octubre del año pasado tendría efectos secundarios muy importantes que debilitarían al dólar.
La fuerte disminución en la aversión al riesgo que han traído las inyecciones de liquidez han pesado más que los choques geopolíticos de los últimos meses, que sólo pudieron descarrilar de manera temporal el rally de los mercados accionarios y monedas emergentes.
A pesar de la marcada apreciación del peso en los últimos meses del 2010, nuestra moneda aún se encontraba rezagada frente a la de otros mercados emergentes. Sin embargo, durante los últimos meses se han confabulado una serie de factores que han contribuido a una mayor apreciación del peso.
Durante el primer trimestre del 2011, la paridad peso/dólar pasó de 12.35 a 11.83 y en días recientes se ha ubicado en 11.73, su nivel más bajo desde septiembre del 2008. Esta nueva ronda de apreciación se ha dado en medio de una combinación de factores positivos que han dado soporte a esta apreciación.
Por un lado, la aversión al riesgo ha disminuido de manera considerable en las últimas semanas después de un repunte importante en marzo como consecuencia de los problemas en Medio Oriente y Japón.
Por otro lado, la economía mexicana sigue dando señales de fortaleza, impulsada por una recuperación más robusta a la esperada en EU y una marcada mejoría de la demanda interna.
Asimismo, a pesar de que la inflación se encuentra en niveles mínimos durante los últimos años, la fortaleza de la economía y el alza en los precios de los commodities alimenticios (que hasta ahora ha sido amortiguada de manera importante por la apreciación del peso) y las expectativas de un alza en las tasas de interés por parte de Banxico se han adelantado.
Hasta ahora, Banxico no ha tomado grandes medidas, como lo han hecho otros bancos centrales, para evitar la apreciación de la moneda.
La combinación de un entorno global de menor aversión al riesgo, mejores expectativas de crecimiento para México y una posible alza en las tasas de interés de referencia en nuestro país para el último trimestre del año podría seguir atrayendo una importante entrada de flujos hacia nuestro país, los cuales podrían contribuir a una mayor apreciación del peso. Dado este contexto, es posible que la paridad peso/dólar se acerque a 11.50-11.60 durante el segundo trimestre de este año.
Sin embargo, hacia la segunda mitad del año podríamos (deberíamos) ver una gradual reversión en esta tendencia.
Por un lado, no podemos descartar una nueva ronda de sobresaltos globales -problemas en Medio Oriente, dificultades con las economías de la periferia europea, guerras de divisas, etcétera- que provoque un incremento en la aversión al riesgo.
Asimismo, si la Fed decide no renovar su programa de inyecciones de liquidez más allá del 30 de junio, el dólar podría desacelerar su caída e inclusive apreciarse un poco frente a otras monedas -esto último suponiendo que el gobierno de EU logre convencer al mercado que bajará su déficit fiscal de manera ordenada y acelerada durante los próximos años.
También no sería sorprendente ver a Banxico intervenir si el peso sigue apreciándose de manera considerable ya que dicha apreciación podría mermar la competitividad del sector exportador.