Las antologías de ensayos literarios o colaboraciones periodísticas de un escritor conocido suelen provocar emociones encontradas. Por un lado, da gusto tener acceso en un solo volumen a los textos que pudimos, en su momento, haber encontrado en alguna revista o diario y se quedaron parcialmente en nuestra memoria, así como a los otros que revelan los gustos y fobias literarias del autor. Por otro, existe la creencia equivocada de que este tipo de recopilaciones son más materia para el estudio académico, y de menos interés para un lector que carece del contexto político, cultural o literario para abordar textos que fueron originalmente concebidos para la prensa.

En el caso de "No Leer" - Crónicas y ensayos sobre literatura de Alejandro Zambra, autor chileno (Anagrama, 2018) ese temor es infundado. Ni las críticas literarias, ni las crónicas y mini-ensayos de este libro tienen fecha de caducidad. De hecho, a riesgo de adelantarme, debo pedirle al lector que haga caso omiso al título: este libro debe leerse.

La palabra debe pudiera dar a entender que se trata de una recomendación obligada, que su lectura es indispensable, y que el lector receloso puede incluir la recomendación en esa lista de libros de lecturas obligadas que en el fondo no piensa comprar o leer (esos que el mismo Zambra desprecia). Si este fuera el caso, el error es mío: uso la palabra debe, para añadir un tono imperativo a una recomendación que si algo promete es asomarse a la prosa lúcida, divertida y memorable de uno de los autores latinoamericanos que poco a poco (con base en bonsáis, vidas privadas de árboles, facsímiles y formas de volver a casa) se ha vuelto necesario.

El libro incluye textos corregidos, pulidos y aumentados de artículos que Zambra publicó en periódicos y suplementos culturales de Chile, Uruguay, España y México. El libro que me llega a hora a las manos, es también una reedición (a su vez corregida y aumentada) de una edición anterior publicada en 2012.

Dice Zambra en una nota inicial: “Cuando dejé la crítica literaria semanal sentí muchas veces el placer de no leer algunos libros…el título alude a varios de los temas presentes en esta serie: las imposturas del mundo literario, la tiranía de las novedades, a las desconcertantes listas de lecturas obligatorias, a la insólita pero arraigada costumbre de hablar de libros sin haberlos leído.” Después explica que el libro es para él un elogio (a veces ambiguo) a la lectura.

Sí, es verdad que algunos de los ensayos hablan de libros que no leeremos (o encontraremos) nunca en librerías mexicanas. Que sus remembranzas generacionales tienen más que ver con lo que se leía, hablaba y discutía en su país hace algunos años. Que alguna que otra reseña revela de más la trama de esos libros (en una era que condena los spoilers literarios, televisivos o cinematográficos).

Lo cierto es que la mayoría de estos textos nos resultarán muy próximos: ya sea si habla sobre la dificultad que tienen los creadores para ponerle títulos al arte, sobre los autores que se valen de palabras domingueras para presumir su dominio extenso del diccionario, sobre las bibliotecas públicas y privadas de sus amigos, la lectura de correspondencia ajena; o llamar a Mario Levrero el Kafka uruguayo (cuando todos sabemos que Kafka sin duda tenía sangre mexicana). 

Dos de mis textos favoritos del libro van uno después del otro: "Viajar con libros" y "No leer". El primero conecta esa la patología que padecemos los escritores/lectores cuando nuestra obsesión por ir acompañados de las letras que nos dan sosiego, choca con las nuevas políticas de equipaje de las aerolíneas: vuelve necesario deshacerse de ropa para dejar espacio a los libros.

Zambra tiene un sentido del humor muy curioso y paradójico, pues si algo queda claro en su libro No leer, donde habla del indescriptible placer de sacarle la vuelta a algunos libros y autores; es que es un gran lector. Un lector cuidadoso capaz después de reconstruir los silencios que existen entre líneas; los vasos comunicantes entre obras que no comparten la geografía y el tiempo, y la lucidez para describir la prosa ajena en forma simultánea con su experiencia a leerla. Igual se da si habla de Coetzee o de su adorado Macedonio Fernández, de Cortázar, de la amistad entrañable de Borges y Bioy, o del indescriptible terror (no despojado de admiración) que nos deberían provocar las traducciones hechas a partir de traducciones.

La parte final del libro incluye ensayos de mayor longitud (o más bien recopilaciones de pequeños ensayos con temas comunes). Entre ellos, debo destacar La literatura de los hijos, por la manera en que aborda esos textos escritos por escritores sobre sus padres, o los escritos por los hijos de los escritores sobre los suyos. En ambos es inevitable un descubrimiento que resulta conmovedor, cuando descubrimos que en su intento por contar la historia del progenitor, sea este cercano o lejano, el autor termina descubriendo la propia en sus recuerdos del otro.

Twitter @rgarciamainou

 

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).