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Opinión

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El peso mexicano es el guarura ?de la economía

Podemos ver al peso como el último objetivo de la economía, como la joya de la corona a la que hay defender como un perro. Bien podemos ver al tipo ?de cambio como uno de los mejores pivotes,de los ?más eficientes amortiguadores de una economía.

¿Qué tienen en común la perspectiva negativa de la deuda de Luxemburgo, el incumplimiento griego de sus metas fiscales y un dato débil de la economía china? Que los tres eventos son capaces de tirar el peso mexicano frente al dólar.

Y no se trata de que la moneda mexicana sea el pararrayos internacional que recibe los palos que suelta la economía mundial. Este país es simplemente un eslabón más de la cadena internacional económica. Y de lo que se trata este juego es de no ser la parte más delgada de la cadena para resistir el tirón.

Si limitamos nuestra mirada a lo que pasa dentro del país, podríamos sentirnos hasta indignados de que nuestro peso mexicano, emblema nacional durante las épocas del peor populismo priísta, es vapuleado por el dólar.

La cotización peso-dólar pasa de 12.50 hasta 14.30 unidades. Nos prometen que la depreciación es temporal y pasan los meses y nada que se recupera la paridad.

Cuando se ve de manera aislada, entonces es fácil encontrar explicaciones locales y hasta electorales a la variación de la moneda mexicana.

Si bien, hay evidencias de que durante los tres últimos procesos electorales presidenciales el tipo de cambio se ha depreciado antes de las elecciones y que los resultados de estos tres procesos mencionados han ayudado a su revaluación. También se exagera y hay analistas que juran que la cotización del tipo de cambio está esperando la resolución del tribunal electoral, lo que es algo totalmente absurdo.

Podemos, entonces, ver al peso como el último objetivo de la economía, como la joya de la corona que hay que defender como un perro. O bien, podemos ver al tipo de cambio como uno de los mejores pivotes, de los más eficientes amortiguadores de una economía abierta.

Argentina y Brasil, sobre todo este último país que se usa como referente para lo que México debería ser, enfrentan hoy la disyuntiva de tener dos tipos de cambio. Uno oficial y otro de los mercados.

En Buenos Aires, el debate ya no es si hay que devaluar o no el peso argentino, sino cuándo sucederá esto. El temor es que el populismo que padece esa nación sudamericana impida liberar la presión a la par de la cotización y entonces se siga fomentando un mercado negro de dólares que terminará por provocar otra gran crisis al estilo tango.

El mercado del dólar blue, como se le llama a ese circuito subterráneo, paralelo, de intercambio, ha dejado atrás las cotizaciones oficiales.

En Brasil, la situación no es muy diferente. El real brasileño se ha devaluado más de 10% en lo que va del año y, a pesar de ello, el gobierno de Dilma Rousseff sigue recibiendo presiones del sector industrial de su país para devaluar más la moneda y con ello ganar una competitividad que no logran por los lastres laborales, de infraestructura, fiscal y política.

México, pues, no debe tener un objetivo de tipo de cambio. Pero sí debe, sin embargo, tener un margen claro de lo permisible para la moneda. Porque es un hecho que el comportamiento errático del peso de los últimos meses ha alterado muchas previsiones.

Desde la inflación, que acusa recibo del aumento de muchos bienes importados, hasta la política monetaria, que depende en buena medida del comportamiento cambiario.

A la Junta de Gobierno del Banco de México le falta tomar una rienda suelta para poder actuar más fácilmente con sus tasas de interés y ésa es la de la relación peso–dólar.

Saben en Banxico que hay un aumento temporal, coyuntural, de algunos precios de la economía. Tienen el temor de que viene una desaceleración el resto del año y que el próximo año la economía estadounidense no se recuperará todavía.

Pero las presiones sobre la moneda mexicana son lo suficientemente cambiantes como para decidir bajar la tasa de interés y, repentinamente, enfrentarse a un tipo de cambio que afecte más la inflación.

Más allá de que la devaluación nos eche a perder unas vacaciones de shopping o de que cause alegría en algunos exportadores, el tipo de cambio mexicano y su flotación sucia ha sido el arma secreta de la estabilidad financiera de los últimos años.

ecampos@eleconomista.com.mx

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