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Opinión

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El pacto secreto

Los partidos tienen entre sus atribuciones y tareas hacer pactos y alianzas. Lo hacen, no puede ser de otra manera, desde la lógica de sus intereses. El límite son los reglamentos que los rigen y la ética pública.

En ese marco la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, y del PAN, César Nava, teniendo como testigo de honor al secretario de gobernación, Fernando Gómez Montt, firmaron un pacto.

Al PAN le convenía que el PRI aprobara el presupuesto de ingresos del 2009 y al PRI que el PAN no se aliara en las elecciones con ninguna fuerza política de manera particular en el Estado de México.

Si el puntero priista, para la elección presidencial del 2012, Enrique Peña, pierde los comicios en sus estado queda eliminado de la contienda. Había que reducir al máximo esa posibilidad.

Paredes y Nava, este último con la anuencia presidencial, estimaron que el intercambio de una cosa por otra, eso son los pactos, les era rentable y por lo mismo valía la pena estampar su firma.

Lo hicieron, pero no lo consultaron con sus estructuras partidarias. La posibilidad de hacer valer el compromiso era difícil, pero no imposible. Cada uno tenía poderosos aliados que harían posible el pacto se cumpliera.

A la pregunta de los medios sobre la existencia del acuerdo la presidenta del PRI y del PAN negaron la existencia del mismo. Los dos mintieron de manera pública. Hoy, es uno de los cambios fundamentales de México, todo se sabe.

Al conocerse el pacto y su contenido sectores del PRI se deslindaron de su presidenta y aprovecharon el momento, para golpearla. Los sectores del PAN contrarios al calderonismo hicieron lo mismo.

Los firmantes del pacto se acusan de incumplimiento. El presidente del PAN alega que el PRI no honró su parte y eso le dio el derecho de aliarse con quien quiera. Ahora mismo buscan aliados, para las elecciones del 2011 en el Estado de México.

El PRD, que fue marginado de las decisiones, ha dicho a través de su líder en el Senado, Carlos Navarrete, que desconoce como interlocutor al secretario de Gobernación, por trabajar, vía los hechos, a favor de la candidatura de Peña.

Los pactos deben tener lugar, eso no está en duda, y no necesariamente se está en la obligación de hacerlos públicos. Al PAN, éste en particular, no le convenía y sólo favorecía a un sector del PRI.

El hecho de éste pacto, al hacerse público, reduce los márgenes de maniobra y credibilidad de Paredes y Nava en la conducción de sus partidos. Revela una ingenuidad y falta de oficio que no se esperaría de ellos.

La negación de Paredes y Nava, después tuvieron que reconocerlo, estaban sus firmas en el documento, los golpea a ellos y sus partidos ante la sociedad. Se deteriora su imagen. ¿Se puede confiar en alguien que miente al aire?

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