El Presidente de México acude a la cita con Trump (ostentando modestia como un turista cualquiera) pero con zalamería patética y desmedida. Complace al ego y contribuye a la campaña de reelección de quien nos insulta, desprecia y persigue. Eso no es pragmatismo de Estado, es un temor abyecto y acomplejado. Ni una palabra sobre el muro fronterizo, que causará profundos impactos a nuestro país, a la biodiversidad, a los pueblos indígenas, a los procesos hidrológicos de la región, y a la dignidad nacional. El muro se construye sobre muchas de las zonas de mayor biodiversidad en Norteamérica, sin estudios de Impacto Ambiental y pisoteando más de 35 leyes de los Estados Unidos, entre ellas la Endangered Species Act y la National Environmental Protection Act. También, al Capítulo 24 del nuevo T-MEC que establece obligaciones de protección de especies y ecosistemas a los signatarios. (Un rasgo común de los populistas es su repudio y aversión a las políticas, legislación e instituciones ambientales: Trump, Bolsonaro, López). Las consecuencias de la construcción del muro sobre distintos hábitats críticos serán muy graves, en forma muy particular sobre el sistema de Sky Islands entre Arizona, Sonora y Nuevo México, el Big Bend National Park que se conecta con las Áreas Naturales Protegidas mexicanas de Maderas del Carmen y Cañón de Santa Helena en Coahuila, el propio Desierto Sonorense, y la Cuenca Baja del Río Bravo.

Con el muro, serán eliminados un gran número de corredores de fauna silvestre que afectarán a más de 90 especies de mamíferos, reptiles, aves e invertebrados, muchas de ellas amenazados o en peligro de extinción. Estas requieren de un movimiento constante, de patrones migratorios establecidos a través de la frontera, y de contacto entre poblaciones y grupos que les permiten intercambio biológico y genético, y acceso a recursos esenciales para su supervivencia. Todo ello quedará bloqueado con el muro, lo que precipitará el colapso de poblaciones, el desencadenamiento de procesos vertiginosos de extinción, y el aborto de oportunidades y de programas nacionales y binacionales de recuperación de especies y de manejo conjunto de Áreas Naturales Protegidas. Pueblos indígenas como los Tohono O´odham, y Kickapoo perderán su integridad y serán separados, el muro dividirá familias y comunidades, les impedirá comerciar entre ellas y acceder a preciados recursos como el agua, o a servicios médicos y educación en los Estados Unidos. Destruirá su relación con sitios culturales y sus tradiciones migratorias.

El muro también impactará procesos hidrológicos y micro-climáticos; obstruirá y desviará escurrimientos de agua y afectará su disponibilidad, especialmente para ciudades y regiones fronterizas de nuestro país, además de provocar inundaciones al operar como muro de contención en la ribera del río Bravo.

Ante esta catástrofe, el gobierno mexicano calla. Ni el Presidente López, ni la Semarnat, ni la Cancillería han manifestado objeción alguna. Todo es complacencia y abyección, y un episodio más de sumisión ante Trump. Asistimos a uno de los capítulos más bochornosos en la historia de la política exterior mexicana y de la relación con Estados Unidos. Ni una sola inconformidad, mucho menos, exigencia de compensación o demanda. Tampoco, nada de invocar el Capítulo 24 del T-MEC relacionado con el tema de la conservación de especies y ecosistemas. Es revolcar a México en la indignidad y la ignominia. El gobierno mexicano es cómplice y copartícipe de las graves consecuencias ecológicas, ambientales y sociales del muro fronterizo. Peor aún, este episodio se da en el contexto de una acometida devastadora del gobierno en contra de sus instituciones ambientales, con recortes presupuestales incapacitantes; todo, con la finalidad de transferir recursos a subsidios clientelares y a proyectos absurdos. Lo que es asimismo deprimente, es que personalidades y organizaciones ambientalistas – gran parte de ellas adictas al régimen – guardan silencio también ignominioso. Tal vez podría asumirse que nos merecemos todo ello, la mayoría votó así. El problema es que de esta forma comprometemos a las generaciones futuras (que no votaron por López) y a una miríada de especies, ecosistemas y procesos evolutivos.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.