¿Una media verdad es una mentira? En el matrimonio, seguro. Pero en la economía, las medias verdades estadísticas ayudan mucho.

Por ejemplo: México es un país con un bajo nivel de endeudamiento en proporción a su Producto Interno Bruto, con un déficit fiscal por demás manejable. Verdad... ¿a medias?

Primero, si al déficit fiscal de 3% del PIB se le añadieran otras obligaciones no contabilizadas como los Pidiregas, podría llegar a 5 o 6% del Producto Interno Bruto, una cifra dentro de los focos amarillos.

Pero si a esa media verdad, de las finanzas públicas sanas se le incorporaran los datos de los bajos ingresos fiscales, tendríamos un foco rojo encendido en las finanzas del país.

Con ingresos de 20% del PIB, con petróleo, y de menos de 10% quitando el cada vez más escaso hidrocarburo, tendríamos otra realidad, muy diferente a la estadística de la deuda manejable.

Algo similar le ocurre al Índice Fiscal Total, de KPMG. Es absolutamente verdad, totalmente corroborable y auditable que México se encuentra en el primer lugar de este indicador.

Este indicador, explica la prestigiada firma, evalúa la competitividad fiscal de 95 ciudades en 10 países. Y en esta evaluación México es puesto en análisis a la par de naciones como Estados Unidos, Japón, Canadá, Francia o Alemania, éstos y los cuatro restantes del primer mundo.

Y la nota es que esa nación en desarrollo llamada México los derrota. La comparación se hace en la carga fiscal total que enfrentan las empresas, incluyendo impuestos sobre la renta, al capital, sobre ventas, predial, comerciales y laborales.

Algunos de estos impuestos, como el ISR, son más altos en México que entre sus competidores. Pero en el ponderado con toda la carga fiscal, este país los derrota a todos.

Es tan apetitoso el resultado de esta medición que resulta difícil pensar que no habrá quien la incluya en su discurso para presumir un rato las bondades de México como destino de inversión.

Si no, seguro que algún gobernador o presidente municipal podrá hacer lo propio. Por ejemplo, las autoridades de Monterrey o del Distrito Federal podrán presumir que son las dos entidades mejor evaluadas de todo el país.

Podrán disfrutar las ventajas de esta verdad... verdad a medias.

A este hermoso paisaje arbolado se le olvida el resto del bosque de la realidad mexicana.

Por ejemplo, ¿cuál es el costo para una empresa establecida en México en cuotas de corrupción? Hay cifras que hablan de más de 80,000 millones de dólares al año. La misma KPMG revela que 77% de las empresas que operan en México han sido víctimas del fraude. Un nada honroso segundo lugar a nivel mundial.

Otro costo ciertamente no fiscal, pero determinante en una tabla comparativa es el de la seguridad. Se supone que los ingresos fiscales cubren los gastos de la seguridad pública. Y en México, más allá de que muchos delincuentes cobran como policías, es un hecho que hay costos muy altos adicionales de protección.

Y esto nos lleva a otra realidad. ¿Qué clase de servicios recibimos a cambio de los impuestos que se pagan?

Dice el análisis que la carga impositiva para una empresa en Estados Unidos es 40% mayor que en México. ¿El gasto público y sus resultados en México es solamente 40% menor en México?

Es obvio que la calidad de los servicios públicos en México es inferior en comparación con cualquiera de los incluidos en la tabla de impuestos. Entonces, pagan menos, pero reciben mucho, muchísimo menos las empresas.

Y esto tiene que ver con la mala distribución de la carga tributaria. Pocos pagan y no reciben a cambio al menos la claridad de la forma de gastar por parte de los gobiernos.

Me parece que para poder incluir a México en un Índice Fiscal Total habría que ver si la base es comparable. Creo que si se incorporaran deficiencias y costos adicionales que no se cubren con el pago de impuestos, se podría tener un acercamiento a la comparación.

Pero en un país de instituciones tan endebles como México, la simple medición fiscal es insuficiente. Es una pera en medio del concurso de la manzana más bonita del sistema fiscal mundial.