La ausencia de liderazgos latinoamericanos acentúa la crisis política en la región.

Las redes sociales agitan a los medios de comunicación, y en donde estos no encuentran un ecosistema plural idóneo para su desempeño, las propias redes hacen las veces de los medios.

En Cuba, por ejemplo, las redes sociales son los medios de comunicación que desnudan al régimen. El control de la información lo ha perdido el cubano Díaz-Canel, suceso relevante porque sus trapacerías son observadas en todo el mundo. La hermenéutica de la revolución castrista impide creer que el contenido de las redes provoque fisuras en la manipulación.

El periódico híper oficial Granma ha mutado al mundo de lo fake, donde lo más serio, posiblemente, se ubique en su hemeroteca donde estudiantes imaginan los detalles de la Guerra Fría.

En Cuba, la “revolución” que terminará por tirar a la dictadura tiene como arma de destrucción masiva a las redes.

En Nicaragua, Rosario Murillo conceptualiza a las redes sociales como la transfiguración del demonio; la bestia a la que hay que derrotar porque su ADN la vincula con el imperialismo yankee. Daniel Ortega organizó su kermesse electoral, y al ganar solo con el 75% de los votos (sin contendientes) tuvo la ocurrencia de declarar la broma como un evento constitucional. En pocas horas iniciará su proceso de salida de la Organización de Estados Americanos (OEA) porque el gobierno de Nicaragua se ha convertido en una caricatura.

Tal parece que los códigos lingüísticos de la Guerra Fría son empaquetados al vacío, permanecen frescos, pero la época de su consumo ya venció. Atención con lo dicho por Rosario Murillo el día de ayer en relación a la petición que hizo el Congreso de su país, es decir, la petición que hace Daniel Ortega al presidente del mismo nombre, de abandonar a la OEA de una vez por todas: "Estamos contentos", dijo Murillo. El pedido del Congreso "ratifica nuestra exigencia de respeto a las decisiones soberanas y dignas de nuestro pueblo y el principio de no injerencia en nuestros asuntos propios", agregó (Agencia AFP).

Los escenarios que se observan en Nicaragua, Cuba y Venezuela tal parece que poco importan en la región. Lo políticamente correcto ayuda al político promedio a quedar bien con sus audiencias.

El presidente López Obrador elige mirar la mano que señala a la Luna al condenar el embargo; en silencio, quizá, reflexiona la violación de los derechos humanos en Cuba. El lunes felicitó a la isla por la “arrogancia” del Gobierno frente al embargo. Sobre el cerco policiaco que impuso el gobierno de Díaz-Canel a más de 100 disidentes el domingo, el presidente mexicano optó por recordar la no injerencia en asuntos de otro país.

Luego de tres años de gobierno, comienza a avizorarse el legado del presidente López Obrador en política exterior. A diferencia de otras materias, como puede ser la economía o la seguridad, el sinodal más objetivo de toda política exterior es el mundo.

¿Cómo quisiera ser recordado el presidente AMLO en materia de política exterior?

Los alumnos universitarios en el año 2050 ingresarán a potentes hemerotecas electrónicas y libros de historia para conocer la tolerancia que tuvo el presidente López Obrador, en materia de derechos humanos, con personajes como Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel.

Lo hace, quizá, para que ningún país cuestione su gobierno.

La política exterior no es la política doméstica, por fortuna.

En un escenario hipotético donde la gente en México no se pudiera manifestar en las calles para exigir libertad, ni se pudiera ejercer la libertad de expresión y fuera un país donde existieran violaciones de derechos humanos como política de control, lo deseable sería que todos los países de la región ejercieran injerencia en México levantando la voz en mecanismos internacionales.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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