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Opinión

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El jolgorio, en pleno

Ya lo habíamos dicho en estas páginas. El poeta cumple 70 años y la fiesta se antoja interminable.

Más larga que las fiestas patronales y las velas istmeñas que durante un año organiza algún dedicado mayordomo, más sentida que cualquier cumpleaños con reservación en Garibaldi, respetable como las efemérides históricas que registra el calendario, pero afortunadamente cercana porque todos estamos invitados y porque la razón del jolgorio es José Emilio Pacheco.

Dirán lo que sea, que todo fuera como eso, pero el caso es que el festejo es ya un homenaje nacional. El próximo domingo en el Palacio de Bellas Artes -dos días antes de su cumpleaños y a las 12 de la tarde- Elena Poniatoswka, Carlos Monsiváis, Margo Glantz y Vicente Quirarte le dedicarán pensamientos y palabras antes de que le sea otorgada la Medalla de Bellas Artes en merecida ceremonia. Mientras tanto, en el Centro Nacional de las Artes se estará celebrando un concierto de poesía y rock, para que actores y músicos lean su obra en voz alta.

El martes, justo el día de su cumpleaños, el público en general participará en un maratón para leer Batallas en el desierto desde el principio hasta su punto final. En varios sitios habituales de reunión de la ciudad habrá niños en talleres de pintura y poesía inspirados en su nombre.

Todo eso sin omitir que ayer, en el antiguo Edificio del Ayuntamiento, el gobierno de la ciudad de México le entregó, para celebrarlo, la Medalla 1808.

El delirio ha llegado a tal grado que -eso sí que es maravilloso y sorprendente- hasta la revista Quién -no precisamente un paradigma de profundidad ni un ejemplo de cultura- sacó un artículo muy bien escrito y documentado sobre Pacheco (del que solamente esperamos haya conseguido nuevas lectoras o consuelo para las que no saben cómo aliviar el cansancio después de pasar toda una mañana en el SPA).

Lo mejor es casi la certeza de que esta fiesta ante él, su obra, sus libros y sus palabras, se queda corta.

De que el poeta es feliz, pero también de que para él un homenaje es absoluto y diferente:

Con esta lluvia el mundo natural penetra en los desiertos de concreto.

Escucha su música veloz,contrapunto de viento y agua.

Única eternidad que sobrevive,esta lluvia no miente.

Eso dice un poema suyo. El que llama Homenaje . Y es que José Emilio Pacheco sabe que la eternidad es otra cosa.

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