La fracción IV del artículo 31 constitucional establece como obligación de los mexicanos: “Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como de los Estados, de la Ciudad de México y del Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes”.

¿Qué debe entenderse por “de manera proporcional y equitativa” cuando hablamos del impuesto sobre la renta de las personas físicas? Aquí entran dos conceptos de equidad: vertical y horizontal. La equidad vertical se entiende como que quien tenga mayores ingresos pague un mayor monto de impuestos sobre ese ingreso, lo que no necesariamente implica que la tasa impositiva tenga que ser más elevada para mayores niveles de ingreso.

Por su parte, equidad horizontal se entiende como que todos los individuos con el mismo nivel de ingreso, independientemente de cuál sea la fuente, tributen a la misma tasa impositiva. Este concepto de equidad implica, primero, que para efectos tributarios no puede haber ningún ingreso exento; todos, incluyendo ganancias netas realizadas en el mercado de valores de renta variable, tienen que estar incluidos en la base gravable. Segundo, que no puede haber deducciones diferenciadas de la base gravable ya que si éstas existen, aún con el mismo ingreso bruto, el ingreso gravable podría ser diferente para cada individuo en función de qué deducciones pueda realizar. Un ejemplo de esto último es el de las deducciones por gastos médicos: suponga dos individuos con el mismo nivel de ingreso bruto pero uno de ellos incurre en este tipo de gastos mientras que el otro no; el primero pagaría, por las deducciones, menos impuestos rompiendo con la equidad horizontal.

Regresando a la equidad vertical, si ésta se entiende como que a mayores ingresos mayor sea la tasa impositiva, este diseño tributario tiene un sesgo en contra del trabajo, del ahorro y, por lo mismo, del crecimiento económico. Esto es así porque puede darse que por obtener un peso adicional de ingreso, sea por trabajar más o por ahorrar más, el individuo brinque de escalón en la tabla del ISR y enfrente una tasa impositiva más elevada la cual se aplica no solo sobre el peso marginal de ingreso, sino también sobre todo el ingreso intramarginal. Castigar fiscalmente el trabajo y el ahorro castiga también la inversión y el crecimiento.

Lograr equidad horizontal y vertical sin castigar el trabajo y el ahorro puede lograrse con un impuesto proporcional al ingreso personal. Primero, todos los individuos enfrentan la misma tasa tributaria, digamos 20 por ciento. Segundo, la base gravable sobre la cual se aplica el impuesto se calcula sobre el total de ingresos brutos del individuo, independientemente de la fuente e incluyendo ganancias netas realizadas en el mercado de valores, base de la cual se aplica una deducción única e igual para todos, que podría ser igual a un determinado número de veces la línea de pobreza por ingresos estimada por el Coneval.

Un impuesto diseñado de esta forma logra que haya equidad horizontal y, por el hecho de que haya una deducción única e igual para todos, se logra que también haya equidad vertical ya que a mayores niveles de ingreso, la tasa efectiva impositiva también sería más elevada.

Una bondad adicional de este diseño tributario, además de proveer los incentivos a un mayor trabajo y ahorro, es que permite instrumentar un impuesto sobre el ingreso negativo. Es decir, los individuos que tengan un ingreso bruto menor al monto de la deducción única, habiendo laborando un mínimo de horas mensuales, recibirían una transferencia gubernamental directa al ingreso que los llevaría a ese nivel, con lo cual se atenuaría el problema de pobreza por ingresos.

En fin, soñar no cuesta; vivimos en un mundo justiciero, aunque ello sacrifique eficiencia. La próxima semana, el predial.

ikatz@eleconomista.com.mx

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.

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