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Opinión

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El gran fracaso de Calderón

Conforme pasan los meses, resultan evidentes los asuntos nacionales en los que el gobierno del priista Enrique Peña Nieto se separa y distingue de lo que hizo el panista Felipe Calderón.

Probablemente sea muy pronto para afirmar si se trata solamente de la forma personal de gobernar o en cambio estamos ante el regreso de las formas, modos y experiencias acumuladas por la clase política priista durante décadas de ejercer el gobierno.

Lo que se observa en estos primeros meses de Peña Nieto es una eficacia en los modos de ejercer el poder que incluso permitió dar golpes a grupos de poder fáctico como fue la detención de Elba Esther Gordillo. Se puede pensar que con Peña Nieto regresó el uso de los mecanismos políticos e informales al servicio de la presidencia de la República para imponerse a otros poderes públicos e informales.

Algunas de las diferencias que se observan entre el gobierno de Calderón y el actual de gobierno de Peña Nieto se revelan en la relación con los partidos de oposición, con quienes creó un instrumento de gobernabilidad que es el Pacto por México; gracias a ese instrumento Peña Nieto ha construido una eficacia legislativa impensable en los dos sexenios anteriores.

En el ámbito de las relaciones exteriores se percibe también este cambio de formas: de la casi monopólica relación diplomática con Estados Unidos, el gobierno de Peña Nieto al menos ha esbozado interés de diversificar las relaciones con otros bloques de países, como lo demuestran sus visitas a Latino América y la visita del presidente chino Xi Jinping, la semana pasada.

Pero sin duda, el cambio más evidente de Peña Nieto respecto a Calderón tiene que ver con el cambio de estrategia en la guerra contra la delincuencia organizada. El cambio ha sido necesario, sobre todo, porque contrario a lo declarado por Calderón y sus funcionarios, dicha guerra fue un fracaso.

Eduardo Guerrero, uno de los mayores expertos en la materia, ha realizado un revelador análisis de la política de seguridad del gobierno federal en los sexenios de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, cuyos indicadores demuestran que con éste último no aumentó la erradicación de cultivos, y los decomisos de drogas están, en algunos casos, por debajo de lo que se realizó en otros sexenios; si bien presenta cifras positivas en decomiso de armas y vehículos, así como en la cantidad de detenidos.

Lo más grave en el sexenio de Calderón es que, pese a aumentar de manera significativa los recursos presupuestales para la política de seguridad (1.42 por ciento del PIB), los delitos tanto del fuero federal como común, y todos los indicadores de violencia se incrementaron. A medio año de terminado su sexenio, es más que evidente el fracaso de Calderón en su principal estrategia sexenal.

Reparar lo dañado en los últimos seis años no será posible con un cambio de estrategia del nuevo gobierno; reparar el tejido social, la confianza, las relaciones comunitarias y de confianza en la calle, plazas y espacios públicos requerirá de muchos años y enorme esfuerzo de la sociedad.

rubenmartinmartin@gmail.com

@rmartinmar

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