En julio de 2019, Pemex ya había sido liberada del yugo neoliberal. Habiendo logrado sacudirse las metas hipócritas y métricas que nos dicen que pretendían subrepticiamente su destrucción, pudo presentar un Plan de Negocios inicial a la altura de la nueva visión. Ahí propuso sus propios términos para evaluar el éxito al que se debía aspirar por el simple hecho de ponerse al servicio del rescate de la soberanía.

Lo que pretendía ser una épica, rápidamente se ha convertido en una tragedia. Los resultados presentados en el informe 2020 de la petrolera muestran que –aun cuando se mide contra sus propias promesas plasmadas en el Plan de Negocios de 2019– “el rescate de la soberanía” ha sido un fracaso. Seis de los siete “principales indicadores y metas de desempeño” muestran un grado de desviación respecto de las metas de desempeño que, apenas un año después de haberse lanzado, ya eran alarmantes. Aún con metodologías de cálculo inusuales, Pemex produjo 9.6% menos crudo del que prometió. Incorporó 31.1% menos reservas totales de las que prometió. Procesó 24.3% menos crudo del que prometió. Su balance financiero fue “185.8%” peor del que prometió. El saldo acumulado de su deuda es 9.7% más alto del que comprometió. Su nivel de accidentes por millón de horas hombre laboradas con exposición al riesgo es casi 20 veces más alto que el que dijo que alcanzaría.

Para ser justos, también reusó ligeramente más agua en refinerías de lo que comprometió (indicador positivo). Pero no queda claro que este sea el indicador ambiental más relevante. Los índices de uso de agua en refinerías, complejos procesadores de gas, y en producción de procesos petroquímicos en realidad empeoraron notablemente. Los índices de emisión de gases de efecto invernadero también registraron resultados dramáticamente peores a lo prometido. En términos generales, además, presentaron importantes deterioros con respecto al 2019. También en remediación hay malas noticias: de las 102 hectáreas que se prometió remediar en el 2020, Pemex no llegó ni a 40. Todas las categorías de seguridad para empleados de Pemex parecen haberse deteriorado.

A pesar de que las metas del Plan de Negocios de 2019 se basaron en un diagnóstico (de nuevo, a cargo de la nueva Administración) de la situación de Pemex, siempre es grande la tentación de achacarle todo a la inercia del pasado. En ese sentido vale la pena destacar los indicadores correspondientes a “acelerar el desarrollo de los nuevos yacimientos descubiertos”, que se sobreentiende que son los famosos campos prioritarios. Tanto en gas como en aceite, para el 2020 Pemex no pudo alcanzar ni la mitad de la meta. ¿Cómo justifican esto?

De un total de 67 indicadores que el propio Pemex evaluó contra sus metas del Plan de Negocios de 2019, 48 están en rojo. Es una tasa de fracaso de casi 72%, aún cuando Pemex empleó su propia metodología para evaluarse. Varias de las faltantes no representan éxitos sino resultados “no aplicables” y “no disponibles”. Varios de los éxitos, desafortunadamente, se han obtenido en variables cuyo impacto es claramente marginal.

De cara a esta abrumadora evidencia, no parece casualidad que el spin presidencial esté cambiando. Ya no se está intentando repotenciar a Pemex, sino que se pretende dejar de producir lo que no se necesita.

Por absurdo que parezca, no es un cambio tan radical. Sería ingenuo creer que el verdadero espíritu del discurso, lo soberanista, va a desaparecer. En su forma más descarada, todo esto no se trata más que de hacer lo que soberanamente venga en gana –incluso seguir adelante con resultados impresentables. Esto también es negligencia.

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

Lee más de este autor